Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra
Mientras el país está bajo fuego —literal y metafóricamente— por el avance de la delincuencia, el desgobierno rampante y cinco denuncias constitucionales en menos de 48 horas, la presidenta Dina Boluarte confirma, sin rubor alguno, que ya prepara maletas para su noveno viaje internacional. Porque sí, aunque apenas goza de un 2% de respaldo, aunque la prensa internacional la ha señalado como la más impopular del planeta, la mandataria tiene prioridades: hacer relaciones públicas en el extranjero. El Perú puede esperar… en piloto automático.
“¡Asistiré!”, proclamó Dina con firmeza, al referirse a su próxima gira hacia los Estados Unidos, confiando en que el Congreso —ese que le ha blindado Rolex, operaciones y ausencias— le dará el permiso correspondiente. La presidenta calificó la visita como una “oportunidad histórica”. Y lo es, sin duda: histórica será la osadía de liderar un país quebrado desde la pista de despegue de un aeropuerto internacional.
Mientras tanto, los ciudadanos —esos a los que no ha querido escuchar ni atender en más de 200 días sin dar una sola conferencia de prensa— sobreviven entre extorsiones, balaceras, apagones de justicia y un gabinete que solo responde con inercia.
Pero no, Dina no se distrae. No por las cinco denuncias constitucionales presentadas por la Fiscalía, ni por las encuestas que la ubican con 2% de aprobación. No por los medios franceses que la describen como la presidenta más impopular del mundo, ni por los informes de que más del 37% de los peruanos considera que Keiko Fujimori es quien realmente gobierna. Para Dina, todo eso son ruidos de “pastores mentirosos”. Ella está convencida de que lo suyo son los goles —como dijo hace poco—, porque al parecer el país no se gobierna, se juega a penales.
Los datos son elocuentes: ocho viajes internacionales aprobados desde 2023, dos denegados, uno pendiente. Cumbres, foros, misas papales y cenas protocolares. Mientras tanto, las verdaderas cumbres del país —la inseguridad, el desempleo, la corrupción— siguen en escalada sin freno. No hay plan nacional para frenar la violencia, no hay reforma educativa, no hay transparencia en las investigaciones. Lo que hay, en cambio, es un pasaporte muy activo.
Dina Boluarte ya no gobierna: gerencia su propia agenda diplomática y su escudo político con la complicidad del Congreso. Mientras el Perú grita desde las calles, ella contesta desde las alfombras rojas. Que el país esté a punto de romper récord mundial de desaprobación presidencial no es su problema. Que el pueblo exija liderazgo, tampoco. Ella tiene otros planes: una visita “histórica” a Washington. Porque si algo ha quedado claro es que para esta gestión, el verdadero Estado está en modo avión.
Y así seguimos, entre balas, encuestas demoledoras y silencios escandalosos. El próximo viaje está por definirse, pero el rumbo del país ya se perdió hace rato. Y no, presidenta, no son pastores mentirosos. Es la realidad gritando desde la pista de aterrizaje que usted abandonó hace tiempo.
