Desde el año 2000, siete expresidentes han sido juzgados

Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra

No es una broma de mal gusto. Tampoco un guion de sátira política. Es el Perú: el país donde ser presidente parece ser la antesala directa a una celda, un juicio o un escándalo. Desde el año 2000, siete expresidentes han sido juzgados por corrupción o violaciones a los derechos humanos. Uno más, Alan García, prefirió dispararse antes que enfrentar a la justicia. Hoy, Dina Boluarte se perfila como la octava ficha caída de este dominó presidencial. Su récord es, literalmente, mundial: apenas 3 % de aprobación, según Datum Internacional (junio 2025), y un rechazo del 93 %. Nada mal para una mandataria sin partido, sin plan y en piloto autmático.

La fábrica de escándalos que llamamos Gobierno
Si el 3 % de aprobación fuera una nota académica, estaríamos hablando de un estudiante expulsado por no saber ni escribir su nombre. Pero en el Perú, ese estudiante puede ser presidenta. Dina Boluarte ha logrado la hazaña de ser la mandataria en ejercicio con la más baja aprobación del planeta, y no parece inmutarse. Entre cirugías no reportadas, relojes de lujo prestados “por error” y silencios que retumban más que los discursos, su paso por Palacio recuerda más a un reality político que a un gobierno.

La nariz operada sin delegar funciones, el “Rolexgate” con allanamiento incluido, el vehículo presidencial utilizado para mover a un prófugo… todo forma parte de un catálogo de episodios que, en otro país, hubieran bastado para la renuncia. Aquí, en cambio, refuerzan el blindaje. Porque en este Perú desconcertado, lo único que parece blindarse es la desvergüenza.

De Fujimori a Boluarte: una cadena sin fin de decepciones
No estamos ante un caso aislado. Somos el país donde Alberto Fujimori —el pionero del autoritarismo moderno— fue condenado por corrupción y violaciones a los derechos humanos. Le siguió Alejandro Toledo, extraditado y sentenciado por recibir sobornos millonarios de Odebrecht. Alan García eligió no enfrentar la cárcel y se suicidó el mismo día en que la Fiscalía iba a detenerlo. Ollanta Humala, en cambio, sí está condenado a 15 años por recibir fondos ilícitos de Venezuela y Brasil.

Pedro Pablo Kuczynski, el “tecnócrata promercado”, renunció tras su implicación en el mismo escándalo brasileño. Lo reemplazó Martín Vizcarra, que acabó vacado por el Congreso acusado de corrupción cuando era gobernador. Después llegó Pedro Castillo, detenido tras su fallido intento de disolver el Congreso con una proclama improvisada, y ahora, Dina Boluarte, vicepresidenta heredera del caos, que hoy ostenta más carpetas fiscales que puntos porcentuales de respaldo popular.

Ocho presidentes, ocho casos que no forman una excepción, sino un patrón. Caen como fichas de dominó, uno tras otro, pero siempre con la misma fórmula: improvisación, escándalo, negación y… justicia tardía.

Barbadillo: la residencia presidencial alterna
El penal de Barbadillo no es una metáfora. Es la prueba concreta de esta “maldición”: una cárcel que ha alojado a Fujimori, Toledo, Castillo, y —si los fiscales hacen su parte— pronto podría sumar a Boluarte. La presidenta enfrenta investigaciones por enriquecimiento ilícito, encubrimiento personal, omisión de funciones y uso indebido de bienes del Estado. Su entorno insiste en que todo es parte de una campaña mediática. Los hechos, sin embargo, gritan otra cosa.

En cualquier país serio, una presidenta con el 97 % de desaprobación sería una tragedia nacional, una crisis política. En el Perú es rutina. Nadie espera que Boluarte dé un paso al costado. Nadie imagina un mea culpa real. Nadie cree que los próximos meses traerán soluciones. Y es que cuando la normalidad se parece tanto a la decadencia, el verdadero escándalo es la resignación colectiva.

Reflexión final
La política peruana no se rompe de pronto: se ha venido pudriendo en cámara lenta desde hace tres décadas. Del “Fujishock” al “Rolexgate”, del autogolpe al injerto facial, del soborno millonario al préstamo de relojes, el Perú ha tenido de todo, menos estabilidad. La pregunta ya no es si Dina Boluarte terminará su mandato, sino en qué capítulo de escándalos acabará archivada.

¿Y después?. Vienen 43 precandidatos en 2026. Sí, cuarenta y tres. Porque si algo produce el Perú además de coca, son presidentes. Aunque últimamente, todos con destino final en tribunales, hospitales o Barbadillo.

Fuentes:
CNN en Español. “¿Por qué tantos presidentes de Perú terminan en la cárcel?” (junio 2025).
Datum Internacional. Encuesta nacional de opinión pública. Publicada en El Comercio, junio de 2025.

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