Vergüenza: Banco de la Nación cobrará comisiones

Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra

Mientras el país entero lidia con recortes, sueldos congelados y una economía que camina en puntas de pie, el Banco de la Nación parece haber encontrado su fórmula mágica para la sostenibilidad: cobrar más por hacer menos. A partir del 4 de julio, este “banco de todos los peruanos” —como le gusta llamarse en sus campañas— aplicará comisiones por trámites básicos como emitir un estado de cuenta o una constancia de movimientos. ¿El servicio mejora?. No. ¿Las colas desaparecen?. Tampoco. ¿La atención al ciudadano se dignifica?. Menos. Pero eso sí: el cobro es puntual, como el sol en verano.

Desde este 4 de julio, el Banco de la Nación comenzará a cobrar S/2.50 por entregar un estado de cuenta y S/3.00 por una constancia de movimientos. El mismo banco que hace esperar tres horas a un jubilado para que le digan “vuelva mañana”, ahora pretende cobrarle por mostrarle su propio dinero. Y como cereza sobre el pastel, la medida se justifica como parte de la “adecuación al mercado financiero”. Una adaptación digna de un banco privado… con vocación estatal solo cuando le conviene.

La indignación no viene solo por el monto. Viene por el símbolo. Porque este es el banco que debería servir a quienes no tienen acceso fácil al sistema bancario comercial: pensionistas, trabajadores estatales, ciudadanos de zonas rurales o sin conectividad digital. Pero el Banco de la Nación ha decidido que también ellos deben aportar, aunque sea por consultar algo que en otros países se considera derecho mínimo, no servicio de lujo.

Mientras tanto, el caos cotidiano no cambia. Las agencias siguen funcionando como si fueran sucursales del siglo pasado: largas filas que rodean la manzana, salas de espera sin ventilación, personal saturado, y una infraestructura que no da abasto ni para los usuarios actuales. El escenario es particularmente cruel para los adultos mayores: decenas de abuelitos haciendo cola de madrugada para cobrar su pensión… y ahora, también, para pagar comisiones.

Y no olvidemos el historial. Este es el mismo banco que durante años ha sido incapaz de modernizarse con verdadera inclusión, que concentra funciones críticas del Estado sin mejorar sus procesos, y que más parece una trampa de desgaste ciudadano que una institución de servicio. Las comisiones anunciadas no son una casualidad: son la punta del iceberg de una lógica perversa que convierte a los ciudadanos en clientes cautivos, sin alternativas ni derechos claros.

Algunos estarán exonerados, dicen. Como si eso justificara el atropello. El mensaje es claro: si no tienes acceso a Internet, a una impresora o a una app que funcione sin fallas, lo siento… te toca pagar. En otras palabras, la brecha digital ahora se paga en ventanilla.

El Banco de la Nación no está cumpliendo su función. Está abusando de su poder. Tiene el monopolio de la atención a buena parte de la ciudadanía más vulnerable y en lugar de garantizarles dignidad, les impone trabas disfrazadas de trámites, y ahora tarifas disfrazadas de gestión.

Reflexión final
Un banco del Estado no puede comportarse como un banco privado sin asumir también su responsabilidad social. Cobrar comisiones a quienes ya soportan colas, demoras, maltrato y desinformación es un acto de cinismo institucional. Si el Banco de la Nación quiere adecuarse al “mercado”, que empiece compitiendo por calidad de servicio, no exprimiendo al que no tiene a dónde más ir. Porque cuando el Estado se convierte en el primer cobrador del pueblo, deja de ser servidor público para convertirse en su primer verdugo financiero.

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