Mundial de Clubes con tribunas vacías y fúnebres

Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra

Gianni Infantino dice que democratiza el fútbol. Lo cierto es que lo ha convertido en un laboratorio sin alma, un estadio vacío con pantallas LED, himnos reciclados y cámaras en el silbato del árbitro. El Mundial de Clubes 2025, esa criatura hinchada de millones, política y despropósitos logísticos, es un Frankenstein que no respira pasión ni justicia deportiva. Y lo peor: lo saben. Pero, como en todo funeral millonario, el silencio incómodo se tapa con billetes y discursos pomposos. El problema es que el muerto es el fútbol.

De deporte universal a algoritmo financiero
Este Mundial no es un torneo, es un PowerPoint de la FIFA. 32 clubes reunidos no por mérito deportivo real, sino por una mezcla caprichosa de rankings, marketing y convenios. La meritocracia fue la primera víctima. Lo sigue la competitividad. ¿Qué hace Auckland City en un mismo cuadro que Bayern Múnich? ¿Para qué sirve un partido que termina 10 a 0? ¿A quién beneficia, salvo al algoritmo de visualizaciones?

Y mientras tanto, DAZN celebra el rating de los goles sin oposición. El hincha no celebra, bosteza.

Infantino, Trump y el VAR como reality
Cuando Gianni Infantino presenta el Mundial de Clubes en la Casa Blanca a Donald Trump, no se está hablando de fútbol. Se habla de poder, de geopolítica, de convenios de explotación de imagen. El balón es apenas un decorado entre acuerdos audiovisuales, fondos soberanos saudíes y agencias migratorias. Y por si faltaba espectáculo, ahora los árbitros llevan cámara y micrófono para narrar sus decisiones como si fueran streamers de Twitch. Bienvenidos al reality show de la FIFA.

El hincha: huésped sospechoso
La experiencia del fanático —esa palabra que tanto les gusta para vender entradas— fue sustituida por protocolos de seguridad que rayan el absurdo. Hinchas latinoamericanos fichados, interrogatorios migratorios, seguimiento con drones. En nombre de la “seguridad”, el fútbol se convierte en un entorno hostil. Estados Unidos no organiza una fiesta: organiza una operación. Lo que debía unir, vigila.

Vacío de tribunas, llenura de discursos
La FIFA esperaba estadios llenos. No los tiene. Ni siquiera con entradas rebajadas al 84%. ¿La explicación? Simple: el fútbol sin alma no convoca. La gente no paga por ver un Frankenstein de reglas, pantallas, canciones de Pitbull y goles previsibles. La gente quiere historias, pasión, competencia. Lo que hay es un PowerPoint ejecutado en césped.

Tecnología para maquillar el vacío
El VAR narrado, la “ref-cam”, las tablets para hacer cambios, la regla del arquero de 8 segundos, la “regla Arteta”. Todo suena a videojuego. Y sí, puede impresionar al que nunca vio fútbol. Pero al hincha de siempre, al que creció con finales infartantes, con goles sufridos, con rivalidades históricas, esto le parece un simulacro. No es innovación. Es sustitución. Tecnología sin alma. Efectismo sin épica.

Este Mundial de Clubes es la máxima expresión de un modelo que cree que el fútbol es un producto más del mercado financiero global. Un modelo que pone la firma de Infantino por encima del pase filtrado, la cámara 4K por encima del pase en profundidad, la marca de agua del sponsor por encima del escudo del club. Un modelo que entierra la esencia del fútbol bajo toneladas de cifras, de rankings, de discursos sobre el «impacto económico» que nunca llegan al hincha.

Reflexión final
¿Dónde quedó la esencia?. ¿Dónde está la gloria de ganarle al mejor, la angustia del gol en el minuto 90, la ovación genuina?. La FIFA no lo sabe. Y, peor aún, no le importa. Prefiere negociar con petroleras, blindarse con burocracias y esconderse tras slogans huecos. El fútbol no se defiende con canciones de Pitbull ni se reinventa con goles vacíos. Se defiende con dignidad, pasión y justicia deportiva. Y ninguna de esas tres cosas estuvo invitada al Mundial de Clubes 2025.

Este torneo no es el futuro del fútbol. Es su epitafio.

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