Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra
“Lo mejor está por venir” es la frase oficial del optimismo vacío, la gasolina espiritual de gobiernos sin brújula, el eslogan favorito de quienes ya se gastaron todo lo bueno… y encima te cobran el vuelto. Es como decirte “tranquilo, todavía no hemos llegado al fondo” mientras seguimos cavando con entusiasmo. La repiten con sonrisa de comercial de pasta dental mientras el país se incendia por los cuatro costados. Porque claro, si todo va mal hoy, la única salida es apelar a un futuro que no existe, una especie de Disneylandia nacional que nunca abre sus puertas… pero siempre está “por venir”.
Empecemos por la política, ese deporte de alto riesgo donde las promesas no se cumplen, pero se reciclan. “Lo mejor está por venir”, dijo uno cuando juró con la Constitución en la mano y el WhatsApp lleno de favores. Han pasado cinco presidentes, dos vacancias, mil escándalos y lo mejor… sigue viniendo. Lentísimo. Más lento que obra pública en temporada electoral. El país, mientras tanto, sigue esperando en la fila del banco de la esperanza, sin turno y sin ventanilla.
“Lo mejor está por venir”, dicen los ministros con cara de PowerPoint, justo antes de declarar que la criminalidad está bajando, que se están haciendo esfuerzos y que todo está en marcha. Lo que no dicen es que ese “mejor” viene en burro, sin GPS, y se perdió en el camino entre la promesa y la realidad. Porque mientras tú evitas salir de noche, ellos planean el próximo spot de televisión donde todo se ve bonito, iluminado y sin robos. Un Perú paralelo donde lo mejor ya llegó… pero solo para ellos.
¿Y los congresistas?. Para ellos, lo mejor no está por venir: ya vino, ya se lo llevaron, y lo están invirtiendo en departamentos en Miami. Prometen reformas estructurales mientras blindan a sus amigos, y reparten con entusiasmo diplomas de reconocimiento mutuo. A cada crisis le echan perfume, una frase optimista, y ¡listo! El “mejor” Perú está a la vuelta de la esquina. Solo que la esquina está clausurada por corrupción.
En la calle, el ciudadano promedio ya no espera que lo mejor venga: espera que al menos no le suban el pasaje, que no se caiga el puente, que no se incendie el mercado. Pero eso sí, cada vez que hay elecciones, el mismo discurso: “lo mejor está por venir”. Qué ternura. Es como decirle a un náufrago sin balsa que la tierra firme está cerca… solo tiene que seguir flotando 40 años más.
Y en redes sociales, la frase no podía faltar: “¡Confía! Lo mejor está por venir 💫✨🙏”. Claro que sí, influencer. Lo mejor está por venir… pero primero hay que seguir viendo tus reels de autoayuda mientras el país se desangra.
“Lo mejor está por venir” no es una frase, es una estafa emocional. Una anestesia de uso político y mediático para que la gente siga aguantando, siga esperando, siga votando. Sirve para todo: para justificar la mediocridad, para maquillar el desastre, para vender humo con envoltura de esperanza. ¿Que no hay hospitales equipados? Tranquilo, lo mejor está por venir. ¿Que no hay justicia, ni empleo, ni seguridad? Ten fe, lo mejor está por venir. ¿Y si no viene? Bueno… será culpa del clima, de la oposición, de la herencia recibida o, mejor aún, del mismo pueblo que “no sabe valorar los esfuerzos”.
Reflexión final
La próxima vez que escuches “lo mejor está por venir”, agárrate el bolsillo y el alma. Porque es probable que te estén vendiendo futuro para no rendir cuentas del presente. Y si el “mejor” sigue sin llegar, no es porque se perdió… es que nunca existió. Fue solo otra frase de cajón, lanzada al aire por quienes ya viven su mejor momento… a costa del tuyo.
