Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra
El Perú no espera otro aniversario patrio con discursos altisonantes, misas de Te Deum ni desfiles marciales de rutina. Esta vez, el 26 y 27 de julio, el país se moviliza contra el desgobierno. Gremios de transportistas han convocado a un paro nacional, exigiendo nada menos que la vacancia de la presidenta Dina Boluarte. No es por ideología ni estrategia electoral. Es por supervivencia. La extorsión ha tomado barrios, mercados, rutas, regiones. El crimen organizado marca la agenda, y el silencio del Estado es ya una forma de complicidad pasiva. ¿Hasta cuándo la presidenta creerá que salir en televisión con comunicados vacíos puede suplantar un plan de seguridad nacional?.
No estamos ante una simple protesta. Estamos ante un grito desesperado de sectores que ya no se sienten protegidos por el Estado. Julio Campos, vicepresidente de la Alianza Nacional de Transportistas, lo dijo sin rodeos: “Es necesario que este gobierno renuncie para combatir de verdad la inseguridad y la corrupción”. El Ejecutivo, sin estrategia, sin voluntad, parece más espectador que protagonista.
Dina Boluarte tiene aún la oportunidad de demostrar que no es rehén del miedo ni de sus asesores decorativos. Pero para eso necesita lo que no ha mostrado hasta ahora: voluntad política. Voluntad para dejar el piloto automático, sentarse con sus ministros sin maquillaje ni coreografía, y diseñar de una vez por todas un plan integral y coherente contra la criminalidad. No se trata de extender más estados de emergencia ni mandar soldados a las plazas como si fueran faroles uniformados. Se trata de pensar, planear, ejecutar y liderar.
Otros países ya lo han hecho. Ecuador, por ejemplo, con todos sus errores, pidió asesoría internacional y articuló una estrategia nacional contra el crimen. Colombia, Honduras y hasta El Salvador, con matices, entendieron que la lucha contra las mafias no se gana con conferencias de prensa, sino con inteligencia operativa, reformas institucionales y cooperación multilateral. ¿Por qué Perú sigue creyendo que puede enfrentar esta guerra con comunicados oficiales y presencia simbólica en los mercados?.
La realidad es clara y contundente: el país está tomado por los extorsionadores, y no hay liderazgo real para liberarlo. Las muertes por cobros de cupos, las amenazas diarias a comerciantes y choferes, la economía informal intervenida por bandas, no son episodios aislados. Son síntomas de un Estado paralizado, y de un gobierno que se ha negado sistemáticamente a asumir la gravedad de lo que vivimos.
El paro de julio no es solo una protesta sectorial: es la radiografía de un país al límite. Un país que clama por seguridad, por Estado, por rumbo. No es solo la presidenta quien está en juego. Es la legitimidad de toda la estructura gubernamental. No basta con movilizar más policías ni colocar más cámaras de vigilancia. Se requiere una estrategia nacional, articulada y con respaldo político. Y si no saben cómo, que lo digan y pidan ayuda.
Reflexión final
Dina Boluarte aún puede cambiar el rumbo. Aún puede liderar la liberación del país que hoy está secuestrado por la delincuencia. Pero eso exige más que decretos: exige decisiones. Exige voluntad. Exige mirar más allá del espejo, del Rolex, del cofre y los viajes, y entender que el verdadero poder no está en el cargo que se ostenta, sino en la responsabilidad que se asume. Si no lo hace ahora, el vacío que deja lo llenará la calle, el crimen o la historia. Y ninguno de los tres perdona.
