Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra
En el Perú, el friaje no solo enfrÃa los huesos: también desnuda la temperatura real de nuestras instituciones. Mientras el Senamhi advierte con puntualidad cientÃfica la llegada del friaje, el Gobierno de Dina Boluarte parece seguir atrapado en un eterno verano burocrático, donde las emergencias climáticas son apenas una anécdota más en el calendario de desastres rutinarios. Y es que si algo nos ha enseñado el invierno peruano, es que lo más helado no es el clima, sino la indiferencia del Estado.
Pasco, JunÃn, Madre de Dios, Puno, Cusco. Las regiones afectadas son las mismas de siempre. Las alertas también. ¿Y las respuestas? Congeladas. El friaje llegó puntual, pero los planes del gobierno siguen perdidos en una estación que no existe en Palacio. En vez de una estrategia preventiva, tenemos comunicados impersonales. En vez de logÃstica territorial, promesas al aire. Y mientras tanto, familias enteras se enfrentan al viento y la lluvia con plásticos, esteras y mantas remendadas.
Pero no, no es culpa del clima. El friaje no es nuevo ni imprevisible. Es parte del ciclo natural del paÃs. Lo que es inaceptable es que cada año sea tratado como si fuera una sorpresa meteorológica de otro planeta. ¿Dónde está el plan nacional para enfrentar estos fenómenos?. ¿Dónde están los refugios temporales, los abrigos entregados a tiempo, los centros de atención en salud reforzados?. ¿Dónde están las brigadas móviles, los equipos de primera respuesta?.
La respuesta es simple: donde mismo están las joyas, el cofre y el Rolex, lejos del pueblo. Porque mientras las temperaturas en la selva bajan, en Palacio sube la temperatura de los escándalos. Y entre viaje y viaje, entre cirugÃa estética y remodelaciones ministeriales, la presidenta y su gabinete parecen tener otras prioridades que no incluyen a las comunidades que mueren de frÃo cada invierno.
Y esto no es solo negligencia. Es violencia institucional. Porque permitir que una y otra vez las mismas regiones padezcan los mismos efectos devastadores es una forma de castigo sistemático. Se castiga la geografÃa, la pobreza, el abandono. Se castiga el hecho de no estar en el radar mediático. Y se castiga, sobre todo, la esperanza de que algún dÃa haya un gobierno que gobierne para todos.
El friaje es un fenómeno natural. Lo que no es natural es la repetida inoperancia del Estado para afrontarlo con la mÃnima dignidad que se le debe a su pueblo. No es natural que se desconozcan los mismos datos que se repiten todos los años. No es natural que se permita que la gente enfrente temperaturas extremas sin ayuda. Y no es natural que a estas alturas no exista una polÃtica pública coherente para mitigar sus efectos.
Reflexión final
Dina Boluarte aún puede tomar una decisión que no incluya joyas ni discursos: tener voluntad polÃtica. Una voluntad que le permita sentarse con su gabinete —ese séquito de adulones que calientan sillas— y construir un plan integral y descentralizado para enfrentar el friaje y otros desastres cÃclicos. Si otros paÃses piden asesorÃa internacional para proteger a sus ciudadanos, ¿qué impide al Perú hacer lo mismo? ¿Orgullo? ¿Desinterés? ¿Incapacidad? Lo peor de una tragedia no es el fenómeno en sÃ, sino la frialdad de quienes tienen el poder para evitarla y eligen no hacerlo.
Fuente: Senamhi – Informe oficial del 20 de junio de 2025.
