Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra
Mientras en Palacio de Gobierno se habla de maquillajes, Rolex y desfiles protocolares, a solo unas horas de vuelo —y un silencio político de por medio— los narcotraficantes albaneses han montado una operación transnacional de exportación de cocaína con eficiencia empresarial suiza y camuflaje tropical ecuatoriano. ¿Y el Perú? Callado. Ausente. Ciego. O, peor aún, indiferente.
A estas alturas, lo que necesita el país no es una nueva declaración sobre el “compromiso con la seguridad”, sino una respuesta concreta, urgente y valiente. Porque mientras Dina Boluarte enfrenta una encuesta que la deja con un 3% de aprobación —el nivel más bajo de cualquier jefe de Estado en el planeta— los verdaderos jefes de las rutas del narcotráfico no enfrentan encuestas, ni oposición, ni fronteras. Solo siguen operando… en voz baja, pero con logística de alto nivel.
Un vecino en llamas, y nosotros tomándonos selfies
Según los informes del GI-TOC y C4ADS, el narcotráfico albanés ha convertido a Ecuador en su centro de operaciones estratégicas hacia Europa. Utilizan contenedores de banano, carne y frutas congeladas como cobertura legal. Empresas fachada, socios reciclables y rutas impecables. La cocaína no necesita senderos por la selva: se embarca con factura.
Y no se equivoque, señora Boluarte: la hoja que exportan desde Ecuador no crece allá. Viene de Colombia, Bolivia y Perú. Especialmente del VRAEM. De nuestras tierras. De nuestros circuitos. De nuestra dejadez.
¿Y qué hace el Estado peruano al respecto? Lo mismo que hace cuando se le pregunta por la inseguridad, la corrupción o el colapso de EsSalud: nada. O algo peor: sonríe para la cámara y cambia de ministros como quien cambia de fondo de pantalla.
¿Quiénes están detrás? No, no son fantasmas
No estamos hablando de rumores, sino de nombres y hechos. Dritan Rexhepi, capo albanés, operó desde la cárcel en Ecuador y se fugó tras conseguir arresto domiciliario. Dritan Gjika movía hasta cuatro toneladas de cocaína al mes con empresas legales e inmobiliarias. Trifon Murataj, con conexiones en EE. UU. y Albania, es la muestra de que el crimen no necesita pasamontañas, sino dirección fiscal.
Y usted, Presidenta Boluarte, sigue sin decir una palabra al respecto. Quizás no le informan. O tal vez nadie quiere mencionarle que los narcotraficantes ya no están al otro lado del mundo. Están al lado. Están acá.
Exportamos coca y compramos indiferencia
El Perú no es víctima ajena en esta historia. Es proveedor. Es eslabón. Es parte del engranaje. El VRAEM sigue siendo la zona más activa de cultivo de cocaína en Sudamérica. Si los albaneses negocian desde puertos ecuatorianos, es porque aquí ya se selló la entrega. Y si aquí no pasa nada, es porque alguien lo permite, o porque a nadie le interesa.
Ni el Congreso ni el Ejecutivo han encendido una sola alarma. Ni un operativo internacional, ni una propuesta legislativa, ni una declaración presidencial. El narcotráfico internacional opera mejor que nuestras instituciones. Tiene estrategia. Tiene visión. Tiene continuidad. Tres cosas que su gobierno, señora Boluarte, no ha mostrado ni por error.
Lo que está ocurriendo en Ecuador no es solo un problema ecuatoriano. Es una advertencia regional. Un espejo para el Perú. Un grito que debería resonar en Palacio. Pero seguimos atrapados en el escándalo local, en la encuesta humillante, en la desconfianza generalizada.
¿Será necesario que una ruta narco albanesa se confirme en el Callao para que alguien reaccione? ¿Esperaremos que un contenedor con cocaína proveniente del VRAEM sea incautado en Rotterdam para recién aceptar que estamos metidos hasta el cuello?
El crimen organizado no tiene fronteras. El Estado peruano, por lo visto, tampoco tiene alertas.
Reflexión final
Presidenta Boluarte: el narco no espera su plan de gobierno ni su lifting diplomático. Ya está operando. Ya está vendiendo. Ya está reclutando. ¿Usted, en qué está?
Mientras seguimos discutiendo sobre joyas, Rolex y cirugías, la geopolítica criminal avanza con una sonrisa y pasaporte sellado. Que no le sorprenda que cuando quiera reaccionar, el Perú ya haya sido incorporado —sin consulta— como nodo oficial del narcotráfico global.
Y para eso, señora presidenta, no hay encuesta que mida el daño. Ni porcentaje que oculte el abandono.
