Petroperú prepara alza de precios de los combustibles

Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra

En un país donde todo tiene excusa y la improvisación es política pública, Petroperú ha encontrado la metáfora perfecta para justificar el próximo sablazo al bolsillo de los peruanos: la guerra en Medio Oriente. Mientras Irán e Israel se bombardean, aquí ya se alistan para bombardearnos los precios en grifos. Porque claro, ¿quién necesita eficiencia o planificación cuando puedes culpar a un misil que cayó a miles de kilómetros?

Petroperú, esa empresa que ha perfeccionado el arte de perder millones con elegancia estatal, ha anunciado que los combustibles subirán. ¿La razón?. “La guerra nos afecta”. ¿El contexto?. Un conflicto entre dos países que, hasta donde sabemos, no tienen ductos directos a Talara ni a la Estación 5 vandalizada cada dos semanas.

Pero no se preocupe, estimado lector, la explicación viene bien presentada por su presidente Alejandro Narváez: “El incremento del precio del petróleo se trasladará a los consumidores”. Qué alivio saber que en Petroperú, aunque no pueden mantener una caja sólida ni pagar a proveedores a tiempo, sí pueden ejecutar con precisión quirúrgica el acto de cobrarle más al ciudadano.

Y es que Petroperú ya no solo refina petróleo: refina discursos. Si baja el precio del crudo, hay “condiciones adversas”. Si sube, es culpa de “la guerra”. Y si se mantiene, seguro es por “ajustes estratégicos” que igual justificarán un alza. Es el modelo perfecto: el consumidor siempre pierde, pero con narrativa internacional.

La cereza del pastel es el intento de vendernos la guerra como una bendición contable. Sí, leyó bien. El propio Narváez reconoce que “la subida tiene un efecto cuasi positivo” para la empresa. Es decir, mientras usted sufre para pagar el gas o la gasolina, la estatal celebra discretamente que su contabilidad sonríe. Porque en Petroperú, la inflación también puede ser una oportunidad.

Y claro, en medio de todo este embrollo, no falta la mención a la refinería de Talara —esa joya presupuestal que costó más de lo que pesa—, cuya construcción aún no ha sido auditada. Pero tranquilos, prometen licitar una auditoría forense “en las próximas semanas”. Una promesa más que se suma a las muchas otras que Petroperú ha dejado flotando en el mar… junto con los barriles que aún no refinan.

Y mientras tanto, en la selva, la solución para los conflictos sociales sigue siendo la misma: culpar a las comunidades que se “hacen notar” y esperar que mágicamente aparezcan inversionistas para los lotes abandonados. Total, soñar es gratis; importar petróleo no.

Petroperú ha encontrado en la guerra ajena el pretexto perfecto para tapar su guerra interna: la de su ineficiencia, falta de planificación, deuda acumulada y ausencia de rumbo. Es más fácil subir el precio del combustible que revisar en serio la cadena de valor o asumir responsabilidades sobre los errores de gestión. El mensaje es claro: si los misiles no caen sobre nosotros, al menos sí lo harán los recibos.

Reflexión final
Cada vez que un conflicto estalla en el mundo, el Perú parece temblar… pero no por razones geopolíticas, sino porque sabe que alguien encontrará la forma de convertir ese caos en pretexto. Petroperú no necesita bombas para estallar: le basta un Excel mal manejado, una refinería sobrefacturada, y la certeza de que nadie le pedirá cuentas mientras pueda decir que “es culpa de la guerra”.

Así, una vez más, la tragedia global se convierte en oportunidad local… para esquilmar al ciudadano. Porque aquí, en la patria del eufemismo, todo sube, excepto la responsabilidad.

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