Congreso gasta millones para preparar el retorno del Senado

Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra

En un país donde los hospitales colapsan, los niños mueren acribillados en combis, el sicariato extorsiona mercados y la presidenta gobierna en piloto automático, el Congreso de la República ha encontrado su gran cruzada institucional: alquilar una oficina millonaria para preparar el retorno al Senado que nadie ha pedido. No hay agua en algunos colegios, pero sí hay 99 millones de soles disponibles para una Unidad Ejecutora de Bicameralidad que, aunque suene a chiste, ya tiene personal, alquiler y planilla dorada, pero ni una sola ley. Porque en el Perú, el cinismo se planifica con meses de anticipación.

La revelación de Cuarto Poder no debería sorprendernos, pero aún así golpea: una oficina de medio millón de soles al año ha sido alquilada por el Congreso en San Luis, lejos del hemiciclo, sin licitación pública, sin transparencia y, por supuesto, sin rendición de cuentas. El contrato lo obtuvo Luis Luy, empresario vinculado a Somos Perú —el detalle de su filiación política es un guiño más al eterno reciclaje de favores en el Estado—, quien primero dijo que fue por encargo del Congreso y luego que fue por medio de un corredor inmobiliario. ¿Cuál versión es la real? No importa. En el Perú lo importante no es cómo se consigue un contrato público, sino con quién se tiene el número guardado.

Mientras tanto, la flamante Unidad Ejecutora de Bicameralidad (UEB), que funciona como un simulacro de poder, ya tiene director ejecutivo con un sueldo de más de 20 mil soles mensuales. Hay otros funcionarios que bordean los 18 y 19 mil soles. En total, a mayo, ya había 47 empleados con una planilla de 549 mil soles al mes. Una estructura completamente montada sin que exista aún el Senado, sin que se haya aprobado formalmente la bicameralidad, y sin que el Congreso actual tenga legitimidad para reinventarse.
Están tan seguros de reelegirse que ya se reparten oficinas. Faltan curules, pero sobran ambiciones.

En febrero se asignaron 10 millones de soles a la UEB. En abril, otros 89 millones. A esto se suma un presupuesto adicional de casi 400 mil soles solo para el seguro EPS del personal. Todo avalado por resoluciones del oficial mayor Giovani Forno. Nadie explica nada. Nadie responde. Nadie rinde cuentas. Y cuando la Comisión de Fiscalización cita a los responsables, simplemente no van.
Porque en el Congreso del Perú, la bicameralidad no es una reforma institucional: es un botín anticipado.

Mientras tanto, los ciudadanos se hunden en una crisis estructural: la delincuencia se ha vuelto parte de la rutina nacional, los hospitales públicos están saturados, EsSalud es sinónimo de espera agónica, y la presidenta Dina Boluarte acumula un histórico 3 % de aprobación ciudadana —una cifra tan baja que se codea con dictadores en el ranking mundial de desaprobación.
Pero el Congreso, en lugar de controlar, legislar o fiscalizar, se concentra en crear su propia república autónoma de privilegios, seguros privados y contratos sin licitación.

El caso de la Unidad Ejecutora para la Bicameralidad es más que una anécdota presupuestal. Es la demostración de cómo el Estado puede ser tomado por intereses particulares con total impunidad. ¿Para qué hacer leyes, si se puede preparar cómodamente la campaña de reelección desde una oficina alquilada con dinero público? ¿Para qué rendir cuentas, si el silencio funciona mejor que cualquier defensa?.

El Congreso no necesita defender la democracia. Solo necesita defender sus cargos.

Reflexión final
La bicameralidad debería ser un tema de debate técnico, político y ciudadano. Pero en manos de este Congreso, se ha convertido en una coartada presupuestal, un ensayo de poder paralelo, una inversión en el futuro personal de decenas de legisladores que no quieren irse ni cambiar nada.
El Perú no necesita más curules. Necesita más vergüenza.

Y mientras la UEB sigue alquilando, contratando y presupuestando, el país sigue esperando justicia, seguridad y decencia. Pero aquí, la prioridad es asegurar el escritorio antes que la reforma. Porque en el Congreso peruano, la realidad no importa. Solo importa el siguiente cargo.

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