Aeropuerto: Migraciones advierte que hay aglomeraciones

Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra

Se vendió como el símbolo del Perú que despega, como el megaproyecto que nos colocaría en el mapa de los grandes aeropuertos de Sudamérica. Pero el nuevo Jorge Chávez, inaugurado con bombo y platillo el 1 de junio, ya da señales de turbulencia severa. A menos de un mes de su funcionamiento, ya sabemos qué ofrece: menos espacio, más colas, una bienvenida de medianoche que parece castigo, y una planificación que deja claro que, en el Perú, lo urgente siempre se impone a lo importante.

Migraciones ha salido a poner la cara, aunque sin mucho éxito. Admiten que entre las 11:00 p. m. y 2:00 a. m. se juntan hasta 6 mil pasajeros por la llegada de 30 vuelos. ¿Y qué hacen para recibirlos?. Los meten en una sala de llegadas que es 20% más chica que la del antiguo terminal. Todo muy moderno, sí. Pero sin espacio suficiente. ¿Qué clase de planificación técnica permite que el principal punto de entrada al país tenga menos capacidad operativa que su antecesor?.

A eso súmele que el turista internacional —al que tanto se corteja en los discursos oficiales— se enfrenta a más de una hora de espera en Migraciones, mientras intenta entender cómo un aeropuerto recién inaugurado tiene menos flujo que un retrete tapado. El informe de Ositrán lo confirma: la saturación en las horas punta ya es una realidad. Pero tranquilos, que la solución oficial es decir que se aumentaron los módulos y el personal. Como si poner más sillas en un microbús solucionara el embotellamiento.

Y no olvidemos los otros problemas que comienzan a emerger: fallas en la señalización interna, falta de suficientes puntos de orientación al pasajero, escasa conectividad de transporte terrestre para quienes llegan de madrugada, y una infraestructura que todavía parece en modo “piloto de prueba”. No es que el aeropuerto esté incompleto, es que simplemente no está listo para lo que prometió.

Si el aeropuerto debía proyectar eficiencia, competitividad y buena gestión, lo que proyecta ahora mismo es improvisación y desidia. En lugar de ser el emblema del Perú que avanza, parece el monumento al apuro. Y eso que aún no llega el tráfico real de temporada alta. ¿Qué pasará cuando en diciembre el flujo se duplique?. ¿Les diremos a los turistas que el verdadero atractivo peruano es sobrevivir a la fila de Migraciones?.

El nuevo Jorge Chávez tiene más problemas que vuelos. Aglomeraciones, colapso en hora punta, espacio reducido y una logística que parece hecha en servilleta de cafetería. Todo esto en la infraestructura que se supone debería representar el rostro moderno del país. Un aeropuerto no se mide por cuántos paneles LED tiene ni por los discursos rimbombantes de su inauguración. Se mide por su capacidad de funcionar cuando más se le necesita. Y hasta ahora, el balance es aterrador.

Reflexión final
Cuando el Perú inaugura obras con tanta prisa y tan poca planificación, no hay cortina de humo que tape la realidad. El nuevo Jorge Chávez era la oportunidad de hacer las cosas bien, de demostrar que sí se puede construir con visión y eficiencia. En cambio, estamos ante una pista de aterrizaje para los errores de siempre. Un aeropuerto que nació con vocación de hub… pero que parece otro monumento a la mediocridad nacional. ¿Y ahora qué hacemos?. ¿Esperamos otra hora más en la cola para decidirlo?.

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