Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra
Mientras el Perú se cae a pedazos —literalmente—, el gobierno de Dina Boluarte se prepara para desembolsar 3,500 millones de dólares en aviones de guerra. Sí, lo leyó bien: en un país donde las postas no tienen oxígeno, las escuelas no tienen techos y la delincuencia gobierna calles enteras, el Ejecutivo prefiere comprar cazas Gripen E en lugar de rescatar a los peruanos del colapso diario. ¿Quién necesita hospitales cuando puedes tener una flotilla sueca? Bienvenidos a la estrategia militar de un país sin estrategia de país.
El argumento oficial es que hay que “modernizar la Fuerza Aérea”. ¿Para qué? Nadie lo explica. El Perú no está en guerra con nadie, salvo con su propia miseria institucional. Según La República, la FAP estaría maniobrando para declarar a Saab como proveedor único, dejando fuera a modelos como el F-16 o el Rafale —ambos con experiencia real de combate—, porque el Gripen E “promete” tecnología de punta… pero jamás ha disparado en batalla. En otras palabras, vamos a comprar el Ferrari de los cazas, sin saber si siquiera arranca.
Esto ocurre mientras las cifras sangran: más de 100 muertos por inseguridad en lo que va del año, más de 600 casos de extorsión al mes, hospitales en emergencia, universidades públicas abandonadas, regiones sin agua potable, y un 92% de la población que rechaza esta compra (según Perú21). Pero el Congreso —ese circo sin pista pero con presupuesto— ya aprobó el gasto. Solo falta la firma de Dina Boluarte, la presidenta del silencio prolongado, para soltar la billetera militar.
¿Y por qué tanto apuro? Porque en este gobierno, la prioridad no es salvar vidas, sino salvar apariencias. No hay un plan nacional de salud. No hay política educativa. No hay liderazgo. Pero sí hay aviones. Y hay lobby. Y hay visitas sospechosas sin registrar, como las que hizo Saab al Ministerio de Defensa, según se ha revelado. Porque en el Perú, la transparencia brilla… pero por la opacidad.
Y si aún quedan dudas de que estamos en un absurdo, recordemos que Javier Milei, en Argentina, compró una flota similar por once veces menos. Aquí, en cambio, todo se hace tarde, caro y mal. Porque así funciona la lógica de un Estado que no gobierna: improvisa, reacciona y gasta donde no debe.
Comprar aviones caza en un país sin seguridad básica es un insulto a la inteligencia colectiva. Es una demostración de que este gobierno no tiene rumbo, ni prioridades, ni empatía. Es querer maquillar la miseria con aeronaves de lujo. Es querer tapar la emergencia nacional con tecnología sueca. Pero el maquillaje no cubre el desmoronamiento del país. Solo lo hace más grotesco.
Reflexión final
Dina Boluarte debería dejar de pilotear un avión invisible y empezar a conducir un país real. No necesitamos cazas. Necesitamos justicia. Necesitamos camas UCI. Necesitamos agua en las escuelas y policías en las calles. Necesitamos un gobierno que no viva en el aire. Porque mientras en Palacio firman contratos de guerra, en las calles del Perú la verdadera guerra se libra todos los días… y la estamos perdiendo sin una sola bala.
