Migraciones del nuevo Aeropuerto Jorge Chávez es un caos

Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra

En el Perú nos encanta soñar en grande. Soñamos con trenes bala, megapuertos, carreteras sin baches y aeropuertos dignos de la Champions League. Así, nos vendieron la nueva terminal del Aeropuerto Jorge Chávez como “la puerta de entrada más moderna de Latinoamérica.” Iba a ser nuestro orgullo. Nuestro Dorado limeño.

Pero la realidad, como siempre, nos bajó del avión sin escalera: el “nuevo Jorge Chávez” no despega. Ni siquiera en Migraciones.

El pasado sábado 28 de junio, mientras el Dorado de Bogotá se llevaba premios como el mejor aeropuerto de Latinoamérica, en Lima decenas de pasajeros se cocinaban vivos en colas interminables. ¿El motivo?. Migraciones se cayó. No el personal, sino el sistema. Bueno, quizá ambos.

Durante horas, turistas y peruanos quedaron varados en filas de 200 metros, mientras escuchaban la misma canción: “El sistema está intermitente.” Qué frase tan peruana. Intermitente como el WiFi, intermitente como los patrulleros, intermitente como la fe en nuestras instituciones.

Pero no es solo la caída del sistema. Es la orquesta entera de la improvisación. Nadie avisaba nada. Nadie explicaba nada. Nadie aparecía. Una señora gritaba que iba a perder su conexión. Otro señor, con 29 horas de viaje, casi llora de pie. Y mientras tanto, en algún escritorio, alguien redactaba un comunicado que decía que todo era responsabilidad de Migraciones. LAP, la empresa concesionaria, se lavó las manos más rápido que un cirujano.

Y claro, la culpa oficial es de la “intermitencia en el sistema.” Como si un cable suelto justificara semejante caos. ¿O acaso no sabían que en un aeropuerto nuevo, el corazón es el sistema migratorio? Inauguramos pista, butacas, luces LED y duty free… pero no invertimos lo suficiente en servidores ni en personal entrenado.

Los pasajeros, además, se encontraron con la nada alentadora ausencia de funcionarios que pudieran explicar qué estaba pasando. No había ni un pobre altavoz anunciando el motivo del desastre. Ni siquiera un mensaje en pantalla que dijera: “¡Paciencia, por favor, estamos en el Perú!”

Mientras tanto, las redes sociales ardían. Videos, fotos y audios circulaban mostrando la indignación de los viajeros. Porque, claro, si algo tenemos los peruanos es creatividad para documentar nuestro infortunio.

Y es que no se trata solo de una caída de sistema. Es el síntoma de un mal mucho más profundo: la improvisación crónica. Esa manía nuestra de cortar cintas rojas antes de que el software esté listo, antes de que el personal esté capacitado, antes de que el lugar esté realmente operativo. ¿Para qué esperar? ¡Total, lo importante es la foto de la inauguración!


Mientras tanto, Bogotá se luce con su aeropuerto premiado, y nosotros, en Lima, nos quedamos con nuestro “hangar Jorge Chávez”, que parece más un almacén que un hub internacional. Esa es la verdad. Aquí vendieron un aeropuerto “de clase mundial” y lo que entregaron es un edificio grande con tecnología que se cae cada vez que se llena.

Reflexión Final
El gran sueño del Perú era tener el mejor aeropuerto de Latinoamérica. Hoy, lo que tenemos es una terminal con colas dignas del Metropolitano en hora punta. Una oportunidad histórica desperdiciada.

Dicen que quizás tengamos que esperar otros 50 años para ver un Jorge Chávez realmente moderno. O quizás antes logremos lo imposible: que el sistema de Migraciones funcione un sábado en la noche.

Por ahora, si viajan, llévense un banquito, paciencia… y un cargador portátil. Porque en el “moderno Jorge Chávez”, lo único que despega rápido… son las quejas.

Y mientras tanto, sigamos soñando con nuestro “hub latinoamericano”. Solo eso nos queda: soñar.

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