Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra
Mientras Dina Boluarte y sus ministros se sientan a contar los días para el 28 de julio de 2026, la Amazonía peruana se muere en silencio, envenenada por mercurio y devorada por la minería ilegal. Y no, no es exageración. Es la realidad brutal. Un grupo de líderes indígenas ha tenido que dejar su territorio y venir hasta Lima para denunciar lo que allá mata en cada gota de agua: el veneno del mercurio y la indiferencia estatal.
Más del 80 % de las comunidades del Nanay tienen mercurio en la sangre. Los peces —su alimento de siempre— ahora son bombas tóxicas. Los niños menores de cuatro años tienen niveles de mercurio seis veces por encima de lo seguro, según datos del Centro de Innovación Científica Amazónica (CINCIA). Este no es un asunto abstracto: hablamos de daño neurológico, malformaciones y enfermedades crónicas que condenan a generaciones enteras.
Mientras tanto, el Gobierno responde con… silencio. O con declaraciones decorativas sobre “proteger el medio ambiente”, mientras la Amazonía se desangra entre dragas ilegales, bandas armadas y ríos convertidos en cloacas químicas. Porque no se trata solo de árboles talados o de hectáreas perdidas, sino de un territorio convertido en tierra de nadie, donde hasta banderas extranjeras flamean sobre dragas que operan a plena luz del día.
Las comunidades están tan desesperadas que han tenido que denunciar al Perú ante la Comunidad Andina. Porque, a falta de Estado, hay que buscar justicia afuera. Aunque la Comunidad Andina no tenga dientes para sancionar, al menos pone en evidencia la negligencia criminal del Estado peruano.
Y mientras tanto, las dragas siguen trabajando día y noche. Tanto así que, en algunas zonas, ya no parece Perú. Los ríos están controlados por mafias, las carreteras por criminales y los bosques caen bajo la motosierra de la impunidad.
No es solo contaminación. Es crimen. Es abandono. Es perder soberanía metro a metro. La Amazonía está en emergencia, y el Gobierno lo permite. No es un accidente ni un fenómeno natural. Es pura y dura inacción estatal. Cada litro de mercurio que cae al Nanay es una sentencia de muerte para miles de peruanos.
La Amazonía peruana sigue siendo presentada al mundo como un paraíso verde, pulmón del planeta, joya turística y orgullo nacional. Pero bajo esa postal perfecta se esconde un drama que nadie en el poder quiere mirar de frente. El mercurio sigue fluyendo, las dragas siguen rugiendo, y los niños amazónicos siguen envenenados. Mientras tanto, en Palacio de Gobierno solo importa resistir hasta el próximo 28 de julio 2026.
Reflexión Final
No es “una zona lejana.” No es un problema “de la selva.” Es Perú. Y mientras Palacio se dedica a sobrevivir políticamente, la Amazonía agoniza.
El mercurio mata. Y el Gobierno… calla.
