¿Cuál es el plan del Gobierno ante un sismo de magnitud 8.8?

Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra

Dicen que en el Perú vivimos sobre una bomba de tiempo sísmica. Y es verdad. Más de siete millones de personas en Lima y Callao podrían quedar atrapadas bajo sus propios techos si un terremoto de magnitud 8 decide recordarnos quién manda en este país. Lo más grave es que no sería solo culpa de la naturaleza: sería el fracaso retumbante de un Estado que prefiere simulacros y spots antes que planes reales. Y, claro, de una presidenta y un gobierno que siguen apostando a que el suelo siga quieto… al menos hasta el 28 de julio de 2026.

Porque seamos honestos: no hay plan serio contra un gran sismo. Lo que hay son simulacros con ministros sonrientes poniéndose cascos blancos, repartiendo folletos y diciendo “estamos preparados”. Pero, a la hora de la verdad, ¿dónde están los depósitos de agua, los alimentos de emergencia, las carpas suficientes, los hospitales listos, las medicinas básicas, los equipos de rescate entrenados?

Nadie lo sabe. Ni la propia Dina Boluarte, quien pareciera tener como estrategia nacional la de seguir repitiendo que “todo está controlado”, mientras el aplicativo de alerta sísmica sigue sin funcionar y la ciudad se cae a pedazos por una llovizna cualquiera.

El último informe de Cenepred es para pararse los pelos: más de seis millones de limeños y 815 mil chalacos en riesgo extremo. Distritos enteros podrían quedar convertidos en escombros. Y si a eso le sumamos un tsunami, mejor ni hablar. Pero el gobierno está más concentrado en sobrevivir políticamente que en planificar cómo salvar vidas.

¿Alguien ha visto un plan serio para garantizar agua potable después de un sismo? ¿O un mapa de rutas de evacuación claras? ¿O stock suficiente de medicinas y carpas? Nada. Mientras tanto, los hospitales públicos siguen sin camas, sin equipos y sin personal suficiente. Y ni hablemos de los barrios populares, donde el suelo es de arena y las casas están hechas de cualquier cosa menos de concreto reforzado.

El verdadero terremoto en el Perú no es solo el que puede llegar bajo tierra. Es la indiferencia de un gobierno que no invierte en prevención real, que se contenta con campañas mediáticas y que cree que la Pachamama va a esperar hasta 2026 para mover sus placas tectónicas.

Reflexión Final
Mientras tanto, Dina Boluarte y su gabinete siguen en piloto automático, preocupados por joyas, decretos supremos y vuelos diplomáticos. Que alguien les avise que si la tierra tiembla mañana, no bastarán los folletos, los cascos ni los comunicados.

Porque el día que llegue el gran sismo, el Perú no solo tendrá que rescatar sobrevivientes de entre los escombros, sino también levantar de los escombros lo poco que queda de un Estado ausente. Y ahí sí, ni simulacro ni spot nos va a salvar.

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