Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra
Mientras el Perú se desangra en hospitales sin medicinas, colegios cayéndose y calles tomadas por extorsionadores, el Gobierno de Dina Boluarte se alista a invertir US$ 3,500 millones en aviones de combate. Porque, al parecer, la prioridad nacional es conquistar los cielos… mientras en tierra firme todo se cae a pedazos.
En un país donde los niños estudian bajo calaminas, donde los enfermos se mueren esperando una cama UCI, y donde el 70% de las viviendas podrían desplomarse si tiembla un poco más fuerte, el Gobierno ha tomado una decisión crucial para el destino patrio: comprar aviones de combate por la módica suma de 3,500 millones de dólares.
Porque, claro, si no podemos ganar la guerra contra la delincuencia o la corrupción, al menos podremos presumir de cazas supersónicos en la parada militar. Y es que nada resulta tan útil para tranquilizar al ciudadano que escuchar el rugido de turbinas mientras las ambulancias no llegan, la inflación devora salarios y la seguridad sigue secuestrada por el crimen organizado.
Dina Boluarte confirmó la adquisición, según reveló el diario Gestión, de 24 modernos aviones de combate para la Fuerza Aérea del Perú (FAP). No vaya a ser que, de pronto, se nos ocurra invadir Marte. O quizá se trate de defendernos de algún enemigo invisible, porque, en tierra, los enemigos reales —extorsionadores, sicarios, mafias mineras ilegales— siguen haciendo lo que les da la gana.
El costo del negocio roza el PIB anual de varias regiones pobres del país. US$ 3,500 millones: lo mismo que costaría, por ejemplo, construir cientos de hospitales, modernizar miles de escuelas o financiar durante años programas sociales que no se limiten a entregar canastas básicas.
Pero no. Aquí las prioridades vuelan alto, literalmente. Mientras tanto, el sistema de alerta sísmica no suena. Los bomberos mendigan mangueras. Los hospitales funcionan a media máquina por falta de insumos. Y miles de policías luchan con chalecos vencidos contra mafias que ya se han apoderado de distritos enteros.
¿Pero aviones? ¡Eso sí que no puede esperar!
Y no olvidemos la cereza del pastel: el Gripen E, el modelo que suena más fuerte en esta operación, no ha sido probado en combate real. Mientras tanto, en los cielos vecinos, países como Chile o Colombia vuelan sus F-16 o Rafale con la confianza de sus historiales de guerra.
Así, el Perú se embarca en un gasto descomunal, que, además, nos atará técnica y logísticamente a Brasil —gobernado por Lula da Silva—, país en el que, por cierto, ya se investiga si la compra de estos mismos aviones no estuvo manchada por sobornos. ¡Vaya garantía!
Lo irónico es que, en plena crisis económica, cuando tres de cada diez peruanos no tienen ingresos suficientes para cubrir la canasta básica, el Ejecutivo prefiere engordar presupuestos militares. Mientras tanto, las ambulancias quedan varadas, los colegios públicos sin techos y las vacunas sin presupuesto suficiente.
Ni hablar de la lucha contra el narcotráfico. En el VRAEM, las pistas clandestinas siguen multiplicándose, la minería ilegal devora selva tras selva y las bandas extorsionadoras cobran cupos hasta por vender caramelos. Pero tranquilos: ya vienen los Gripen a salvarnos… desde el aire.
No se trata de negar la importancia de tener una Fuerza Aérea moderna. Ningún país puede quedar indefenso. Pero en un Perú con millones de pobres, hospitales colapsados y una delincuencia desbordada, resulta un verdadero despropósito gastar miles de millones en aviones, mientras se sigue gobernando —literalmente— en piloto automático.
Porque, aunque pinten las aeronaves con los colores patrios y las muestren en desfile, ningún avión puede disparar contra la corrupción, ni bombardear la pobreza, ni interceptar a las mafias que dominan calles y regiones enteras.
Reflexión final
Querida presidenta Boluarte: la seguridad nacional también se construye en tierra. Con escuelas dignas, hospitales abastecidos, calles seguras y un pueblo que no se sienta abandonado.
Porque, por más modernos que sean esos aviones, ninguno podrá salvarla de la realidad que sigue estrellándose contra este país. Y mientras usted planea alzar vuelo en cazas sueco-brasileros, millones de peruanos solo piden algo mucho más modesto: vivir en paz, con trabajo y con un mínimo de esperanza.
