En Cusco exigen declarar en emergencia Machu Picchu

Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra

No cabe duda: Machu Picchu es el símbolo máximo del Perú. El ícono en los billetes, en los folletos de PROMPERÚ, en las cuentas de Instagram de influencers y hasta en las promesas electorales de todos los gobiernos. Pero mientras los turistas siguen posando felices, los gremios turísticos del Cusco acaban de gritar lo que pocos quieren escuchar: la gestión de la maravilla está en crisis. Y no hablamos de lluvias, huaicos o sismos. Hablamos, simple y llanamente, de mala gestión estatal.

Los gremios turísticos del Cusco exigen que se declare en emergencia la gestión de Machu Picchu. ¡En emergencia! Así como suena. Porque resulta que el Ministerio de Cultura, lejos de demostrar que puede manejar la joya de la corona del turismo peruano, ha convertido su administración en un campo minado de conflictos, caos en la venta de entradas, cupos limitados, sobreventa, especulación y hasta sospechas de mafias que controlan el negocio de los boletos.

Mientras la UNESCO manda oficios preocupados, aquí seguimos con la misma cantaleta: que se está “reorganizando el sistema”, que se implementará una “plataforma virtual más segura”, que “todo está bajo control”. Exactamente el mismo guion que escuchamos cada vez que se inunda un museo o desaparecen piezas arqueológicas.

¿Sabían que se está discutiendo limitar aún más los ingresos diarios a la ciudadela para evitar su deterioro?. Lógico. Pero nadie explica cómo se va a compensar a la economía local, que vive literalmente de cada turista que compra un boleto, un tren, un hotel o un mate de coca. Mientras tanto, la venta de entradas sigue siendo una novela de suspenso. O se cuelga el sistema, o no hay cupos, o aparecen boletos en reventa a precios de concierto internacional.

Y lo más curioso es que todos fingen sorpresa. Como si esta crisis hubiera estallado ayer. Cuando en realidad lleva años cocinándose entre ineficiencia, intereses privados y ausencia absoluta de planificación estatal.

Si Machu Picchu fuera solo un cerro bonito, poco importaría el caos. Pero hablamos de un Patrimonio Mundial, orgullo nacional, columna vertebral del turismo peruano, motor económico del Cusco y carta de presentación del Perú ante el mundo. Es la gallina de los huevos de oro… y aquí estamos, dejándola enfermarse por culpa de gestiones improvisadas y burocracias que parecen hechas a propósito para beneficiar a algunos pocos.

Reflexión Final
La exigencia de los gremios cusqueños es clarísima: declarar en emergencia la gestión de Machu Picchu. Y tienen razón. Porque lo que está en juego no es solo la montaña, ni las piedras, ni los andenes. Lo que está en juego es la reputación de un país que no puede darse el lujo de perder su mayor atractivo turístico por culpa de la desidia y la corrupción.

Mientras tanto, seguiremos viendo a ministros y directores tomarse fotos en Machu Picchu, sonriendo para la prensa, prometiendo soluciones que nunca llegan. Y así, entre boletos fantasmas y turistas frustrados, nuestra maravilla mundial se convierte, día a día, en el mejor símbolo del Estado peruano: una gran belleza administrada con absoluta improvisación.

¿Emergencia?. ¡Claro que sí!. Y urgente. Porque el verdadero derrumbe que amenaza a Machu Picchu no es geológico, sino político y burocrático.

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