Aumento de sueldo de Dina Boluarte es una afrenta nacional

Por Edwin Gamboa, fundador, Caja Negra

Mientras el Perú se cae a pedazos bajo el peso de la inseguridad, hospitales sin medicinas, aulas sin techos y ollas comunes en crisis, Dina Boluarte decide subirse el sueldo. Porque, al parecer, alguien tiene que salvar la economía… personal, claro está.

Si uno creyera en cuentos de hadas, pensaría que un gobernante con 2% de aprobación tendría la decencia de pasar desapercibido. O al menos, de no echarle más leña al fuego de su propia impopularidad. Pero Dina Boluarte ha decidido romper todos los moldes, subiendo su sueldo a la modesta cifra de S/ 35,568 mensuales, mientras el resto del país sobrevive —literalmente— al día.

Lo curioso es que este generoso aumento ocurre “en el peor momento” de su gestión, según lo ha definido el exministro Luis Miguel Castilla. Peor momento… ¿solo de su gestión?. No, peor momento del país en años. Pero claro: hay prioridades. Y ninguna de ellas parece ser gobernar.

Empecemos por lo básico: el Perú está en piloto automático. Extorsionadores cobran cupos hasta por vender caramelos. Las balaceras son banda sonora diaria en mercados y barrios. Los hospitales no tienen medicinas. Las escuelas públicas literalmente se caen encima de los alumnos. Las ollas comunes están agonizando porque ya no hay ni para el arroz. Y la inflación sigue devorando el bolsillo de quienes ganan el sueldo mínimo… si es que tienen trabajo.

En medio de este caos, la presidenta se sube el sueldo. Y no es que la ley lo impida —técnicamente no—, pero hay un pequeño detalle llamado decencia política, que está tan desaparecida como los planes de gobierno de este Ejecutivo.

Según el ministro de Economía, Raúl Pérez Reyes, el aumento responde a una distorsión de sueldos y a normas sobre remuneración presidencial. Una explicación muy técnica, que no emociona a nadie, especialmente a quienes se levantan cada día con miedo a salir a la calle o con hambre en la mesa.

Mientras tanto, la narrativa oficial trata de convencernos de que “no es tanto dinero”. Pero para un país donde casi 3 de cada 10 peruanos no tienen para cubrir la canasta básica, el nuevo sueldo de la presidenta suena tan ofensivo como un festival de caviar en medio de un terremoto.

Luis Miguel Castilla lo ha dicho claro: “no se justifica en absoluto”. Ni política, ni éticamente. Porque, mientras el país sigue colapsando, Boluarte —y sus ministros— se preocupan más en cómo explicar este aumento, que en presentar un plan serio contra la inseguridad, la minería ilegal, la corrupción o el colapso de los servicios básicos.

El problema no es solo el monto. Es el mensaje. Es la insensibilidad. Es la confirmación, una vez más, de que este Gobierno vive en su burbuja de privilegios, mientras el resto del país se debate entre la incertidumbre y la sobrevivencia.

Y, por si fuera poco, este aumento abre la puerta a algo peor: el efecto dominó. Porque si la presidenta decide que es momento de ajustarse el salario, no tardarán en aparecer congresistas, ministros, altos funcionarios y toda la maquinaria burocrática a exigir lo mismo. “Si ella puede, ¿por qué yo no?”. Y ahí sí, prepárense los contribuyentes para pagar sueldos más abultados mientras los servicios públicos siguen siendo una ruina.

Mientras tanto, los hospitales siguen desabastecidos. Los colegios estatales continúan con techos a punto de desplomarse. Y los mercados, convertidos en campos minados por la extorsión, siguen cobrando vidas inocentes. Pero no hay problema: en Palacio hay recursos para subir sueldos.

¿Legal?. Tal vez Sí. ¿Decente?. No. No hay excusa válida para un aumento presidencial en medio de semejante desastre nacional. Si Boluarte no entiende que liderar un país es también un ejercicio de austeridad y empatía, entonces está más desconectada de la realidad de lo que sus cifras de aprobación ya sugieren.

Porque en este Perú, ningún aumento presidencial tapa las ollas vacías, ni calla los balazos en las calles, ni borra las listas de espera en los hospitales. Y, definitivamente, no compra legitimidad política.

Este aumento no es solo un error político. Es un insulto a la inteligencia y a la dignidad de millones de peruanos. Y lo que es peor, revela que, más allá de discursos y comunicados, el verdadero interés del Gobierno parece ser asegurar su propia comodidad, aunque el país se esté incendiando.

Reflexión final
Presidenta Boluarte: un sueldo más alto no la hará más querida, ni más eficiente, ni menos criticada. Lo único que demuestra es que, en Palacio, hay gente que sigue pensando que el Perú es su caja chica.

Mientras tanto, los peruanos seguirán contándose las monedas para llegar a fin de mes, preguntándose no solo cuánto cuesta mantener a un presidente, sino cuánto más costará este Gobierno que insiste en vivir de espaldas a la realidad.

Porque en el Perú de hoy, la única subida que se siente en cada hogar es la de los precios y la desesperanza. Y la única bajada real es la de la confianza en sus gobernantes.

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