En manos del Congreso anular el aumento de sueldo de Dina Boluarte

Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra

Mientras millones de peruanos siguen haciendo malabares para estirar diez soles en el mercado, la presidenta Dina Boluarte decidió que era momento de estirar… su propio sueldo. De S/ 16.000 a S/ 35.568 mensuales. Todo esto, en medio de la desaprobación más grande que haya conocido un mandatario en nuestra historia reciente.

Pero, ojo, no todo está dicho. El Congreso podría tumbarse este aumento. Claro, siempre que no salten los escuderos de siempre —léase fujimoristas, APP y demás bancadas pegadas con cinta adhesiva al poder— a blindarla. Porque en el Perú, si algo sube más rápido que el precio del pollo… son los privilegios de los que mandan.

Dicen que la medida busca “nivelar” el salario presidencial con el de otros países de la región. Qué maravilla. Lastimosamente, no nivelan ni en gestión ni en liderazgo. Porque si vamos a compararnos con presidentes extranjeros, hagámoslo también en resultados, no solo en sueldos.

Mientras Boluarte se convierte en la funcionaria pública mejor pagada, los hospitales siguen sin camas UCI, los colegios sin techo, y la Amazonía se muere lentamente envenenada con mercurio. Pero la prioridad nacional, por supuesto, era ajustar el salario presidencial.

¿Y qué dicen desde el Ejecutivo? Que es justo, que había una “distorsión” que debía corregirse. Claro, la misma distorsión que tiene a medio país sobreviviendo en la informalidad o en la pobreza, mientras la presidenta se asegura un sueldo mensual con el que cualquier familia peruana viviría, literalmente, más de diez años.

El exministro Luis Miguel Castilla lo explicó clarito: este aumento puede anularse. Basta con que el Congreso tenga la voluntad de derogar el decreto supremo. Pero aquí es donde se pone sabroso el asunto. Porque esa voluntad política suele disolverse misteriosamente cuando se trata de cuestionar privilegios de los de arriba.

Ya vemos venir la película: discursos inflamados ante cámaras, amenazas de “derogar el decreto”, y luego… nada. Los blindajes en el Perú son más resistentes que los chalecos antibalas.

Y es que no hay que olvidar que el Congreso y el Ejecutivo no están peleados cuando se trata de proteger sus propios intereses. Nos distraen con broncas, mientras aprueban leyes para subirse dietas, contratar familiares o repartir contratos a dedo. Y si blindar a la presidenta sirve para mantener la alianza, pues que viva el blindaje.

Mientras tanto, las redes sociales hierven. “Un robo descarado”, gritan algunos. Otros se preguntan qué ha hecho Boluarte para merecer semejante incremento. Buena pregunta. Porque si la vara es la eficiencia, su gobierno estaría cobrando salario mínimo.

Hoy, el aumento de sueldo de Dina Boluarte está en suspenso. El Congreso podría tumbarlo, sí, pero no apostaría mis últimos diez soles a que lo hagan. Porque en el Perú, cuando se trata de defender sueldos gordos, los poderes del Estado saben trabajar en equipo.

Y mientras tanto, la presidenta seguirá siendo la única que no necesita ahorrar en el mercado, ni contar las monedas para el pasaje, ni temer a un recibo de luz impagable. Todo eso es problema del resto de los mortales.

Reflexión Final
No se trata solo de un aumento de sueldo. Se trata de la distancia cada vez más obscena entre quienes gobiernan y quienes sobreviven. De la insensibilidad de un poder político que decide premiarse mientras el país se hunde en la desesperanza.

Hoy, el Perú es un país donde te piden cocinar con diez soles y aguantar balaceras, pero donde la presidenta se asegura un salario con el que podrías comprar ollas llenas… y quizá hasta un blindaje personal.

Y ese es, precisamente, nuestro drama: mientras el pueblo se ajusta el cinturón, el poder… se lo suelta.

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