Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra
La FIFA siempre ha presumido de ser una maquinaria perfecta para fabricar eventos grandiosos. Estadios repletos, himnos retumbando, merchandising a granel y millones de ojos pegados a la pantalla. Pero el Mundial de Clubes 2025 ha puesto en evidencia algo que ni el marketing más agresivo ni las sonrisas de Gianni Infantino pueden tapar: Estados Unidos no respira fútbol, y mucho menos cuando se le ofrece en versión Frankenstein, con partidos irrelevantes y calendarios imposibles. La última estrategia para disimularlo roza lo tragicómico: regalar entradas.
Sí, señoras y señores, la FIFA está regalando tickets. Lo hizo en Atlanta, durante el PSG vs. Inter Miami, cuando el Mercedes-Benz Stadium —capacidad para 73.000— lucía a medio gas pese a tener a Messi sobre el césped. El Daily Mail reveló que, tras ese encuentro, el organismo ofreció entradas gratuitas para el Borussia Dortmund vs. Monterrey. ¿Resultado?. Apenas 31.442 personas acudieron a un estadio que, visto desde las cámaras, parecía más un hangar que un coliseo futbolístico.
Y no es un caso aislado. En el accidentado Benfica-Chelsea, prolongado cinco horas por la tormenta, la FIFA regaló tickets para el Inter-Fluminense. El resultado fue el mismo: cemento, butacas vacías y ecos que retumbaban más fuerte que los cánticos.
¿Por qué tanta desesperación?. Porque el fútbol en EE. UU., salvo honrosas excepciones y el fenómeno Messi, sigue siendo un espectáculo importado, que no corre por las venas como en Sudamérica o Europa. Y porque muchos partidos del Mundial de Clubes —llámense Mamelodi vs. Ulsan, Chelsea vs. Los Angeles FC o Al Ahly vs. Monterrey— no despiertan ni la más mínima pasión en el público local. El caso más sangrante fue aquel partido en Orlando que reunió apenas a 1.000 personas. Mil espectadores. Ni un partido de tercera división en Sudamérica registra semejante vacío.
Y la FIFA, como buen vendedor de ilusiones, busca maquillar la catástrofe. ¿Cómo?. Moviendo gente en el estadio para que aparezcan tribunas llenas en las transmisiones de DAZN. Sí, la misma DAZN que invirtió miles de millones para quedarse con los derechos de este torneo, y que hoy debe rezar para que las cámaras no enfoquen más cemento que público.
Pero a este paso, no solo las fases previas se salvarán con entradas gratis: ya suenan rumores de que para la gran final, también se regalarán tickets para evitar la imagen de gradas semivacías en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. Y no nos engañemos: en los próximos partidos seguirán regalando boletos a diestra y siniestra, porque cada plano vacío en televisión es un clavo más en el ataúd del proyecto de Infantino… y de las transmisiones de DAZN que necesitan salvar la puesta en escena para justificar semejante inversión.
La pregunta que queda flotando es brutalmente simple: ¿Tiene sentido insistir en un Mundial de Clubes que nadie pidió, en un país que no lo siente, y con jugadores al borde de la fatiga?. La FIFA sigue convencida de que, a golpe de millones, puede comprar la pasión. Pero la pasión no se reparte en taquillas ni se imprime en tickets gratis.
Reflexión final
Así que, mientras seguimos viendo estadios semi vacíos y jugadores al borde del colapso térmico, Infantino y compañía persisten en su quimera: conquistar Estados Unidos con un torneo que huele más a evento corporativo que a fútbol real. A este ritmo, no nos sorprenda que para la final, además de regalar entradas, repartan hot dogs, gorras y vouchers para el estacionamiento, con tal de llenar la imagen de las cámaras.
Porque, Gianni, el fútbol no se compra ni se regala. Y si sigues intentando imponerlo a la fuerza, solo lograrás estadios vacíos… y transmisiones que, aunque maquilladas, exhiben lo que más temes: que tu Mundial de Clubes fracasó estrepitosamente.
