Piden 35 años de prisión para Keiko Fujimori por caso cócteles

Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra

Parece que el Perú tiene sus propios ciclos lunares. Cada cierto tiempo, como las mareas, Keiko Fujimori vuelve a los titulares, no por ganar elecciones —cosa que nunca consigue—, sino por enfrentarse a una nueva acusación penal. Esta vez, el menú es de 35 años de prisión, cortesía del fiscal José Domingo Pérez. Mientras tanto, Keiko se debate entre la posibilidad de postular en 2026 o regalarse el papel de mártir político en su nuevo pódcast. Porque, si algo le sobra a la lideresa de Fuerza Popular, es escenario.

Esta semana, el equipo Lava Jato ha servido su mejor coctelera judicial: 35 años de prisión para Keiko por lavado de activos y organización criminal. Una cifra que suena tan monumental como los montos que, según la fiscalía, pasaron por sus míticos cócteles de recaudación. Esos donde supuestamente se juntaban entusiastas simpatizantes, copas en alto, para financiar la democracia y no, como dicen los malpensados, para lavar dinero con el sello de Odebrecht y otros amigos poderosos.

Mientras tanto, Keiko, imperturbable, graba episodios de su pódcast “Konfesiones”, probablemente el espacio menos espontáneo desde un spot electoral. Entre micrófonos y reflexiones profundas sobre “pensar primero en el país”, nos advierte que quizá no postule en 2026. No porque las encuestas la tengan al filo del precipicio, claro, sino porque está pensando “en consensos”. Qué generosidad.

Pero, por si acaso, nadie crea que el fujimorismo está muerto. Keiko sigue siendo el rostro visible de un partido que, mientras libra batallas judiciales, sueña con volver a Palacio. Todo, pese a sus tres derrotas consecutivas en las urnas, las pugnas internas y, ahora, el renovado peso de esta acusación.

Entre tanto, el Perú se acostumbra a vivir en un déjà vu: Keiko en problemas, Keiko defendiéndose, Keiko insinuando sacrificio por la patria… y vuelta a empezar. Todo mientras el país está literalmente secuestrado por extorsionadores, las instituciones tiemblan y la corrupción sigue campeando como en los mejores tiempos de los 90.

Cada vez que pensamos que el capítulo judicial de Keiko está cerrado, surge una nueva temporada, como una serie de Netflix que nadie pidió pero igual se estrena. El caso Cócteles es la versión peruana de “El Día de la Marmota”: siempre igual, siempre peor.

Reflexión Final
Y mientras el fiscal Domingo Pérez ajusta sus argumentos y pide décadas de cárcel, Keiko se debate entre la prisión o la candidatura, entre los cocteles y los podcasts. Lo único claro es que, gane o pierda en 2026, el Perú seguirá atrapado en su drama judicial-político interminable.

Porque aquí, en esta tierra generosa, las campañas políticas se financian con cócteles… y se pagan, casi siempre, con años de cárcel o con eternas excusas.

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