SNRTV respalda a Mónica Delta y periodistas de Latina

Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra

Cuando un Gobierno con 2% de aprobación prefiere enfrentarse a periodistas en lugar de enfrentar los problemas del país, es señal de que algo está profundamente mal. Porque si algo nos ha enseñado la historia, es que las dictaduras y gobiernos impopulares tienen siempre un denominador común: la guerra contra la prensa.

En un país donde la inseguridad devora las calles, las ollas comunes se quedan sin arroz, y los hospitales siguen exhibiendo más colas que camas, uno pensaría que el Gobierno tendría la decencia de ocuparse de lo esencial. Pero no. Aquí estamos, viendo cómo Juan José Santiváñez —exministro, actual funcionario de Palacio, y flamante denunciante— decide entrar en guerra contra Mónica Delta y periodistas de Latina. Y, detrás de él, aunque se esconda entre resoluciones y comunicados, está Dina Boluarte, quien ni con aumento de sueldo logra despegar su popularidad del subsuelo… o, dicho de otro modo, del 2% que ahora, después del escándalo, quizás ya sea 0%.

Empecemos por lo básico: la denuncia penal de Santiváñez contra periodistas de Latina es el síntoma más reciente de un poder político alérgico a las preguntas incómodas.

La Sociedad Nacional de Radio y Televisión (SNRTV) ha calificado esta denuncia como un “grave atentado contra la libertad de prensa.” Y tienen razón. Porque usar el sistema penal para silenciar a la prensa es una vieja receta que conocemos de sobra en Latinoamérica. Dictaduras, gobiernos tambaleantes y liderazgos con índices de aprobación microscópicos siempre han compartido la misma obsesión: disparar primero contra los reporteros.

¿Y qué hizo el periodismo en este caso?. Ejercer su trabajo. Latina emitió un reportaje en el programa Punto Final, en el que se reveló que Santiváñez, desde su despacho en la Oficina de Monitoreo Intergubernamental, sostenía reuniones con altos mandos policiales, ministros y congresistas. Todo perfectamente legítimo de investigar. Porque, que se sepa, cuando eres funcionario público y te mueves en círculos de poder, tu agenda deja de ser “vida privada.”

Santiváñez, sin embargo, denunció penalmente a Mónica Delta y a tres periodistas más, acusándolos de “reglaje.” Incluso se despachó en redes sociales, diciendo que los periodistas son “sinvergüenzas” y prometiendo llegar “hasta las últimas instancias.” La pregunta es: ¿hasta las últimas instancias de qué?. Porque lo que se ha hecho aquí es periodismo puro, incómodo y absolutamente necesario.

Por si alguien lo olvida, la prensa existe precisamente para vigilar el poder. Y, más aún, en gobiernos con 2% de aprobación que caminan en piloto automático mientras el país es devorado por la delincuencia, la minería ilegal y la corrupción.

Pero claro, es más fácil perseguir periodistas que perseguir extorsionadores. Es más cómodo firmar denuncias que firmar un plan nacional contra el crimen. Y es, por supuesto, infinitamente más conveniente distraer a la opinión pública con conflictos mediáticos que hablar del verdadero drama del Perú: una presidenta sin plan, sin liderazgo y, cada día, con menos legitimidad.

No olvidemos que, mientras Santiváñez se ofende por las cámaras, Dina Boluarte sigue sumida en el silencio, acumulando días sin responder preguntas de la prensa, y aferrándose a un aumento de sueldo que, más que levantar su imagen, ha terminado de hundirla. Como bien dicen, los gobiernos impopulares no caen solo por la economía. Caen cuando se desconectan de la realidad y ven enemigos donde solo hay preguntas.

Lo sucedido con Mónica Delta y los periodistas de Latina no es un hecho aislado. Es la fotografía de un Gobierno con piel finísima y tolerancia cero a la crítica. Es la confirmación de que, cuando no hay respuestas, la estrategia es dispararle al mensajero.

Porque si algo teme un régimen débil, es la verdad. Y, lamentablemente, aquí no solo se juega el destino de un reportaje. Se juega el derecho de todos los peruanos a estar informados.

Reflexión Final
Señora presidenta, señor Santiváñez: las preguntas no matan gobiernos. Lo que mata gobiernos es no tener respuestas.

Hoy el Perú no necesita más silencios, ni más denuncias contra periodistas. Necesita líderes que rindan cuentas y enfrenten la realidad. Porque, mientras ustedes se ocupan en perseguir micrófonos, la delincuencia sigue cobrando vidas, la pobreza sigue creciendo y la democracia se sigue erosionando.

Y recuerden algo: si la prensa deja de incomodar, no es porque todo está bien, sino porque ya vivimos en dictadura.

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