Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra
Hay países donde las crisis sacuden conciencias. Y hay otros —como el Perú— donde las crisis parecen ser una excusa perfecta para subir sueldos. Mientras la inseguridad campea, las extorsiones marcan récords y los hospitales se caen a pedazos, nuestra presidenta Dina Boluarte sueña con ganar más de S/35 mil mensuales. Y lo peor es que ya no es solo un sueño: es casi un decreto.
Pero, milagros de la política peruana, 16 congresistas han decidido plantarse. Han presentado proyectos de ley para derogar el aumento. La pregunta es si mantendrán la dignidad hasta el final, o si la tentación del cálculo político les hará bajarse los pantalones.
El Decreto Supremo N.º 136-2025-EF fue el regalo que Dina se hizo a sí misma, disparando su sueldo de S/16 mil a S/35 mil 568 mensuales. Un aumento de más del 100%, en un país donde el sueldo mínimo sigue siendo S/1.025. Porque claro, gobernar en piloto automático, blindarse tras comunicados, viajar y lucir relojes caros es agotador y merece recompensa.
Pero ahora 16 congresistas han dicho basta. Cuatro proyectos de ley se han presentado para borrar ese decreto del mapa. Y no son cualquier grupito marginal: figuran nombres de bancadas tan diversas como el Bloque Democrático Popular, Juntos por el Perú, independientes y socialistas.
¿Qué los une? El sentido común —ese bien escaso últimamente— que les grita que es un escándalo que la presidenta peor aprobada de Latinoamérica, con apenas 1.8% de respaldo, se embolse un millón de soles por su mandato.
Hablemos de cifras, porque en Perú las cuentas no mienten, pero los políticos sí. Si el Congreso no frena el aumento, Dina terminará su gobierno llevándose más de S/1 millón 127 mil en sueldos, gratificaciones y bonos. Una cifra monumental para una mandataria que solo ha logrado titulares por Rolex, joyas, viajes, operaciones estéticas y cero planes de gobierno.
Mientras tanto, el Perú sangra. Estamos secuestrados por mafias, con más zonas en emergencia que provincias tranquilas, con colegios a punto de desplomarse, hospitales sin gasas ni anestesia y niños sin agua potable. Pero la señora presidenta cobrará religiosamente sus S/35 mil, más gratificaciones, claro.
Los argumentos del MEF —“homologar su sueldo al de presidentes de la región”— son tan insultantes como inverosímiles. ¿Homologar con qué logros? ¿Con qué resultados? Porque si se tratara de homologar por eficacia, a Dina le tocaría devolver dinero, no ganarlo.
La batalla está planteada. El Congreso tiene la oportunidad de limpiar mínimamente su imagen y demostrar que no todo está podrido en la política peruana. Derogar el decreto de Dina sería un gesto mínimo de respeto al pueblo.
Pero también sabemos cómo se mueven las aguas en el Legislativo. Hoy gritan “¡Derogatoria!”, mañana aparecen discursos sobre “estabilidad institucional” y “respeto a la investidura presidencial”. No sería la primera vez que las convicciones se venden al mejor postor en la Plaza Bolívar.
Reflexión Final
¿Permitirá el Congreso que la presidenta del 1.8% de aprobación siga cobrando un millón de soles mientras el país se hunde? Esa es la verdadera pregunta. Porque lo que está en juego no es solo un sueldo. Es la dignidad de un país que se cansó de ver a sus líderes enriquecerse mientras la gente vive con miedo y miseria.
Señores congresistas, esta vez no basta con el show mediático. El Perú necesita menos Rolex y más decencia. ¡Deroguen el aumento y demuestren que todavía hay algo de ética en la política nacional!
