Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra
Ah, la Sunat… esa institución que parecía sumida en un profundo letargo, como oso en invierno, ha despertado de su larga siesta. Y lo ha hecho con la puntería fija en lo que más mueve la economía peruana hoy: los Yape y los Plin. Porque en un país donde los ministros gobiernan en piloto automático y la presidenta se preocupan más por relojes y sueldos que por el pueblo, alguien tenía que ponerse a trabajar… aunque sea para cobrarnos.
Las billeteras digitales eran, hasta hace nada, el héroe sin capa de emprendedores, bodegueros, vendedores de ceviche y hasta de quien hace postres desde casa. ¡Qué lindos esos días en que “yapeáme” significaba libertad y no declaraciones juradas!.
Pero ahora la Sunat se ha convertido en el Grinch de los códigos QR. Según expertos, cualquier negocio que pase los S/45,000 al año en ingresos digitales puede despertar el radar tributario. Lo cual, si hacemos números, es apenas vender unos S/125 diarios. O sea, ni un carrito de emolientes se salva.
No importa si vendes desayunos, ropa por Instagram o galletas para el barrio: “entra dinero y deja huella”, dice la Sunat, cual policía persiguiendo huellas dactilares. Y lo hace con tecnología de punta: cruza datos, revisa tus movimientos bancarios, espía tus billeteras digitales. Mientras tanto, los verdaderos peces gordos siguen flotando sin problemas, muchas veces gracias a consultoras bien pagadas que saben esconder millones en paraísos fiscales.
El colmo es que ahora tu celular y tu billetera virtual se han convertido en confidentes de la Sunat. Antes bastaba con no tener cuenta bancaria para sentirse “invisible”, pero hoy la Sunat sabe exactamente cuántos yapeos haces, qué días y hasta si son para vender pollo broaster o pagar la tanda.
La ironía más grande es que este celo fiscal llega en un país donde el crimen organizado se pasea libre, la extorsión se multiplica y el gobierno anda ocupado en incrementarse el sueldo presidencial a más de S/35 mil. ¿No sería más provechoso perseguir a las mafias de minería ilegal que lavan millones en oro, o a los funcionarios corruptos que se hacen cirugías faciales en nombre del Estado?.
Pero no, es más fácil fiscalizar a la señora que vende tamales en la esquina. O al joven que hace delivery de jugos detox. Porque al final, como siempre, la informalidad somos “nosotros”, nunca los de arriba.
Y ojo: no basta con declarar los ingresos. Si la Sunat ve un desbalance entre lo que declaras y lo que gastas, te cae encima con cuatro años de retroactividad. O sea, podrías terminar rindiendo cuentas por el yapeo que recibiste en 2021 por vender mascarillas durante la pandemia. ¡Qué moderno nuestro Perú!.
Mientras tanto, la Sunat habla de “modernización tributaria” y dice que esto es por el bien de todos. Claro, siempre y cuando el bien de todos no incluya a esos grandes negocios intocables que facturan en millones y tributan en islas caribeñas.
Así que ya sabes: si eres microempresario y estás soñando con “yapear” tranquilo, despierta. La Sunat ya abrió los ojos. Y viene con calculadora en mano, lista para cobrarse hasta el vuelto.
Reflexión Final
Mientras los políticos del Perú se preocupan por sueldos presidenciales dignos de Emiratos Árabes y las joyas en sus cofres, la Sunat ha encontrado su nuevo deporte favorito: cazar pequeños yapeos. Bienvenidos a la República del QR, donde la modernidad es solo para fiscalizar, y donde todo indica que ser formal en el Perú sale más caro que evadir impuestos… si tienes buenos amigos.
Porque en este país, nunca falta quien despierte… para cobrarnos.
