Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra
Machu Picchu sobrevivió a conquistadores, terremotos y siglos de olvido en la selva, pero tal vez no sobreviva a lo más temible de todo: la inoperancia del Estado peruano. Sí, nuestra joya incaica está hoy en el ojo del huracán turístico, no por exceso de visitantes, sino por exceso de improvisación. Mientras Dina Boluarte y su troupe de ministros juegan a resistir hasta el 2026, Machu Picchu se hunde en el caos… y con ella, la imagen internacional del Perú.
Porque, seamos claros, esto ya no es solo un problema de boletos. Es el retrato perfecto de un país gobernado en piloto automático. PromPerú, esa institución que debería defender nuestra reputación turística con uñas y dientes, se limita a repartir afiches viejos y slides de PowerPoint mientras el mundo se entera —y difunde— que visitar Machu Picchu es hoy una experiencia digna de un rally de supervivencia.
Colas interminables, turistas llorando en las calles de Cusco, revendedores haciendo su agosto con entradas falsas, y un Ministerio de Cultura tan perdido que ni siquiera puede implementar un Plan Maestro aprobado hace años. Pero claro, pedirle coherencia a un gobierno que vive ocupado en defender a su presidenta en vez de defender al país es mucho pedir.
Mientras tanto, la venta presencial de entradas, bendecida por decisiones “populistas”, ha resultado ser un regalo para mafias que controlan los cupos y cobran lo que quieren. Todo esto ocurre bajo la mirada cómplice o distraída de las autoridades, que se limitan a lanzar comunicados para decir que “no pasa nada”.
Y ahí están los ministros, posando para la foto, prometiendo mesas técnicas, planes estratégicos y hojas de ruta. Pero Machu Picchu sigue en crisis. La vía Santa Teresa – Machu Picchu se bloquea por derrumbes. Los turistas se quedan varados, las reservas se caen, y la indignación crece.
Mientras tanto, publicaciones internacionales comienzan a colocar a Machu Picchu en la lista negra de destinos a evitar. Y no porque el lugar haya perdido su majestuosidad, sino porque la experiencia de visitarlo se ha convertido en un viacrucis. Felicitaciones, PromPerú: han logrado que nuestro máximo atractivo turístico sea noticia… pero por las razones equivocadas.
Declarar Machu Picchu en emergencia ya no es solo un clamor de gremios turísticos: es una cuestión de supervivencia nacional. Porque cada día que pasa, nuestra maravilla mundial se hunde un poco más en el descrédito.
Reflexión Final
Machu Picchu es eterno. Pero la paciencia de los turistas y de los peruanos tiene fecha de vencimiento. Y si Dina Boluarte, sus ministros decorativos y PromPerú siguen mirando al techo, pronto nadie querrá subir esas gradas sagradas. Entonces sí, no quedará ni piedra sobre piedra… al menos, no en nuestra reputación.
