Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra
Qué maravilla es el Perú, donde un grupo de mineros informales puede amenazar con “tomar Lima” y lo único que pasa es… nada. Ni Gobierno firme, ni Congreso digno, ni plan alguno que no sea mirarse el ombligo o aumentar sueldos. Entre tanto, los ronderos ya están alistando pasajes y pancartas para invadir la capital, mientras el resto del país se pregunta quién demonios gobierna aquí.
Veamos el show. Tras perder su predictamen en la Comisión de Energía y Minas, el presidente de Confemin, Máximo Franco Bequer, se plantó ante los periodistas con la serenidad de quien sabe que aquí el chantaje sí paga dividendos: “Vamos a radicalizar la medida. Todos a Lima. Es ahora o nunca.”
Y ahí tenemos la postal perfecta del país: la democracia peruana rehén de grupos de presión que, a punta de bloqueos y amenazas, imponen su ley. Mientras tanto, el Gobierno de Dina Boluarte —tan rápido para firmar su aumento de sueldo— estaba más ausente que agua en el nuevo aeropuerto Jorge Chávez.
Pero, ojo, que el Congreso no se queda atrás. Porque si el Ejecutivo anda en piloto automático, el Legislativo parece estar en modo karaoke: un coro donde cada bancada canta su propia ranchera, pero nadie hace nada serio.
¿O acaso no fueron varios congresistas los que defendieron, con pasión digna de mejor causa, el predictamen que pretendía dar impunidad penal a mineros ilegales, servidumbres mineras disfrazadas y más prórrogas a un Reinfo que ya lleva casi una década sin resultados?.
Hasta hubo quienes, como Guido Bellido, querían meter un texto sustitutorio de último minuto, para abrir la puerta, por “única vez”, a mineros ya fuera del proceso de formalización. Claro, porque en el Perú, “única vez” significa todas las veces que sea necesario para el cálculo político.
Pero, gracias a doce votos en contra, el predictamen murió. Aunque no sin dejar detrás la amenaza de marchas, bloqueos y, si los ánimos siguen calentándose, quizás otra dosis de violencia.
Y mientras tanto, afuera, las carreteras bloqueadas siguen cobrando víctimas, como el chofer que murió tras caer de un acantilado en Ocoña, atrapado días por los piquetes. Pero en el Congreso, lo importante era discutir a toda velocidad cómo mantener contento a un sector informal que, a estas alturas, parece tener más poder de veto que el Tribunal Constitucional.
La minería ilegal se ha convertido en un Estado paralelo, con su propio ejército de piqueteros, su vocero oficial y, lo peor, su bancada parlamentaria que mueve cielo y tierra para escribir leyes a medida. Mientras, el Ejecutivo no gobierna, y el Congreso legisla al filo del chantaje.
Reflexión Final
¿Cómo es posible que un gremio como Confemin hable de “tomar Lima” y el Gobierno solo atine a desaparecer de la escena?. ¿Y cómo es posible que en el Congreso haya bancadas dispuestas a legalizar la ilegalidad para evitar el costo político de decir que no?.
Porque en el Perú de 2025, la verdadera amenaza no es solo la minería ilegal, sino la complicidad de un Congreso que legisla para quien grita más fuerte, y un Gobierno que no gobierna. Mientras tanto, los peruanos seguimos atrapados en carreteras bloqueadas, viendo cómo el país se hunde, un chantaje a la vez.
