Ayacucho quedó sin glaciares por el calentamiento global

Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra

Ayacucho ha perdido todos sus glaciares. Repito, todos. Y no, no es un titular alarmista ni un truco de marketing ambiental. Es un hecho demoledor que debería retumbar en Palacio de Gobierno, pero parece que la noticia no ha logrado atravesar las gruesas paredes de indiferencia y piloto automático donde viven cómodamente Dina Boluarte y sus ministros. Mientras tanto, el Perú pierde agua como si fuera arena entre los dedos, y el futuro hídrico del país se evapora más rápido que las promesas de campaña.

Hace apenas unas décadas, Ayacucho lucía orgullosa sus glaciares como diademas blancas sobre sus picos andinos. Hoy, ni un solo metro cuadrado de hielo queda. Y eso es apenas el tráiler de la película de terror que se nos viene encima. Según el informe de MapBiomas Agua Perú, en 40 años hemos perdido el 65% de nuestra superficie de agua en cuencas hidrográficas. Sí, leyó bien: casi dos tercios de nuestro país se están secando, mientras el gobierno sigue enredado en cálculos políticos y en sobrevivir hasta el 2026.

Pero, claro, hay prioridades. Entre declarar estados de emergencia en Machu Picchu y comprar robots quirúrgicos de millones, el drama del agua parece no entrar en la agenda mediática de quienes deberían estar diseñando un plan de salvataje nacional. Mientras tanto, se multiplican los discursos rimbombantes sobre “desarrollo sostenible” y “compromiso climático” que solo sirven para lucirse en foros internacionales… y para engordar el presupuesto de viáticos.

Y aquí no se trata solo de la Amazonía ni de hermosos glaciares que algún turista europeo venía a fotografiar. Estamos hablando de agua para beber, para sembrar, para vivir. La cuenca del Amazonas está mostrando caídas históricas, y el resto del país sigue la misma ruta. Incluso regiones como Loreto, donde el agua es emblema, están perdiendo miles de hectáreas hídricas. Mientras tanto, los únicos “biomas” que crecen son las lagunas artificiales producto de la minería o la agroindustria. Eso sí, qué ironía: las represas mineras se multiplican, mientras los ríos naturales desaparecen.

Pero en Lima, el tema parece no quitarle el sueño a nadie. Los discursos oficiales se llenan de palabras como “resiliencia”, “estrategia climática” y “nueva gobernanza del agua”. Pero las cifras satelitales no mienten: Perú se está secando. Y mientras tanto, ¿qué vemos?. Marchas por agua en pueblos altoandinos, agricultores desesperados en la costa, y niños bebiendo agua turbia en comunidades rurales.

Perú está ante una crisis hídrica monumental. Cada glaciar que desaparece es un grifo que se cierra para el futuro. Cada laguna que se seca es un pueblo que se queda sin agua ni esperanza. Y mientras tanto, el gobierno sigue enredado en cortinas de humo y cálculos de supervivencia política.

Reflexión Final
Señores del poder, el agua no vota, pero sin ella nadie podrá votar, ni existir. Ya no basta con informes satelitales ni conferencias con términos en inglés. Urge acción. Urgen políticas reales. Porque mientras ustedes se distraen, el Perú se está evaporando. Y Ayacucho, con sus glaciares extintos, es solo el aviso de lo que puede ocurrir en todo el país. ¿O acaso vamos a esperar a que desaparezca la última gota para reaccionar?.

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