Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra
Más de 500 documentos históricos —con firmas de San Martín, Bolívar y Grau— se esfuman del Archivo General de la Nación, vendidos como baratijas en internet. Un país con autoridades que solo se movilizan para subirse sueldos mientras dejan que hasta su historia se les escape de las manos.
Hay muchas formas de perder la identidad. Una es olvidándola; otra, dejándola literalmente robar. El Perú parece estar optando por ambas. Mientras el Estado discute interpelaciones, se inventa ministerios de nombres rimbombantes y se distrae con el reality político de cada semana, la memoria histórica del país está siendo subastada en internet.
Porque sí, mientras hablamos de “orgullo patrio”, más de 500 documentos históricos han desaparecido del Archivo General de la Nación. Y lo que es peor, están circulando en portales internacionales como si fueran cualquier memorabilia de un concierto de rock.
Documentos Patrimoniales: De tesoros de la nación a ofertas online
Desde 2018 hasta la fecha, se han reportado 529 documentos históricos robados del Archivo General de la Nación. No son simples papeles amarillentos. Son cartas firmadas por Miguel Grau, decretos rubricados por San Martín, despachos de Bolívar en los que se decide el destino del país. Y hoy, cualquiera con dólares suficientes puede comprarlos en subastas digitales.
¿Cómo es posible semejante escándalo?. Fácil: en el Perú, la custodia de nuestra historia está encomendada a un equipo de apenas seis o siete personas. Sí, seis o siete. Los mismos que alcanzan para formar dos líneas en un fulbito y que, además, deben proteger siglos de documentos, desde la época virreinal hasta la República.
Mientras tanto, las autoridades siguen sumidas en la eterna danza de los cargos, las interpelaciones, las renuncias y, por supuesto, sus aumentos de sueldo. El problema es que mientras se pelean en el Congreso o se enredan en sus propias intrigas, la historia del país se les escurre entre los dedos.
Desidia Estatal: Inventarios inexistentes y denuncias fantasmas
Una de las razones del desastre es la falta de inventarios completos. Nadie sabe exactamente cuántos documentos hay, dónde están, ni en qué estado se encuentran. El Archivo General de la Nación tiene documentos virreinales e incaicos… y también tiene huecos enormes en sus registros.
En la Biblioteca Nacional, las cosas no van mejor. Tienen más de 7 millones de documentos históricos, pero menos del 2 % está inventariado. O sea, ni siquiera saben qué les han robado. Y lo poco que sí saben, les toma hasta cinco años recuperarlo, como el caso de un documento robado del Archivo Regional del Cusco, vendido en una página web argentina y repatriado solo tras una larga y penosa gestión internacional. Mientras tanto, en otros países detectan y actúan con firmeza. Aquí, entre el papeleo, las audiencias y la falta de voluntad política, hasta los próceres se desesperarían.
Mercado negro de la historia peruana
El tráfico ilícito de documentos históricos es un negocio rentable. Estados Unidos, México y España lideran la lista de destinos donde acaban nuestros tesoros patrimoniales. Los coleccionistas extranjeros pagan miles de dólares por estos documentos, atraídos por las firmas de héroes nacionales o por papeles que narran episodios clave de nuestra independencia.
Y mientras tanto, la policía cultural y el Ministerio de Cultura cuentan monedas para ver si alcanzan para enviar a un inspector o para pagar un software de monitoreo digital. Así, el Perú pierde no solo objetos físicos, sino fragmentos de su memoria, de su identidad y de su alma.
El Gobierno: Entre la amnesia y la indiferencia
Lo más doloroso es la indiferencia. El Estado peruano, en lugar de reaccionar con la urgencia que amerita, parece más ocupado en justificar gastos, subirse los sueldos y sobrevivir al próximo escándalo. Cuando se trata de proteger documentos con las firmas de quienes fundaron la República, el gobierno es un océano de silencio. Cuando se trata de crear nuevas unidades burocráticas o viajar al extranjero, ahí sí hay recursos, discursos y aplausos.
Mientras tanto, seguimos con un patrimonio histórico agujereado, y cada documento que se pierde es una página que se arranca de nuestra historia colectiva. El robo de documentos históricos no es un delito cualquiera. Es un acto brutal que nos arranca identidad y nos deja como un país sin memoria. Es como robarle las fotos familiares a alguien para venderlas al mejor postor.
Pero en el Perú, parece que nada importa lo suficiente como para sacudir al Estado de su letargo. Y así, mientras la corrupción se pasea con impunidad y los políticos se preocupan solo por sus sueldos y sus cuotas de poder, nuestra historia sigue desangrándose en manos de traficantes y coleccionistas extranjeros.
Reflexión final
Hoy se roban cartas firmadas por Grau, Bolívar o San Martín. Mañana podrían estar vendiendo fragmentos del Acta de Independencia o el Diario de Grau en el Huáscar. Si no detenemos este saqueo, llegará el día en que los peruanos tengan que entrar a portales de subastas internacionales para leer su propia historia.
La patria no se defiende solo con discursos. También se defiende protegiendo los documentos que cuentan quiénes somos y de dónde venimos. Porque si nos roban la memoria, nos quedamos sin pasado… y sin futuro.
