Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra
Qué ironía. Mientras Dina Boluarte aterrizaba en París para hablar de océanos limpios y sostenibles, las olas seguían vomitando plástico en las costas peruanas. Sí, Perú vuelve a encabezar el ránking internacional de las playas más contaminadas del Pacífico. Una hazaña monumental, considerando que competimos con países que al menos intentan barrer su basura bajo la alfombra marina. El informe de Científicos de la Basura, citado por Inforegión, deja claro que el 69% de los residuos en nuestras playas es plástico, y lo más triste: la mayoría viene de nosotros mismos. Somos los arquitectos de nuestro propio basural.
Mientras en los salones franceses se aplaudían discursos sobre mares transparentes y tratados globales, aquí, en el Callao o en Ventanilla, el mar luce un marrón deprimente y huele a cloaca mezclada con tecnopor. Las olas no solo traen peces: traen botellas, bolsas, sorbetes y un largo catálogo de recuerdos plásticos firmados orgullosamente por la industria nacional. Porque sí, casi el 60% de toda esa basura tiene sello peruano. Ni siquiera podemos culpar a las corrientes internacionales, ni a China, ni a las conspiraciones globales. Esto es obra nuestra, pura y dura.
Y mientras tanto, Dina Boluarte y sus ministros decorativos siguen en la suya. Más ocupados en sostener su gobierno hasta el 2026 que en enfrentar esta emergencia ambiental. Tenemos leyes, tratados, discursos y mil “planes nacionales”. Pero cuando uno ve las playas, queda claro que de plan solo tienen el PowerPoint. En el Perú, se producen más de 21 mil toneladas de basura cada día y se recicla apenas el 1%. El resto termina en botaderos clandestinos, en los ríos, y por supuesto, en el mar.
El informe señala algo escalofriante: Perú evaluó 32 playas, solo superado por Chile. Y aunque la participación de voluntarios es digna de aplauso, no basta para detener la marea de plástico. Entre los residuos recolectados, más de 20 mil botellas plásticas. Marcas como Coca-Cola, PepsiCo y AJE Group figuran entre las más encontradas. No es casualidad. Venden sostenibilidad en sus anuncios, mientras sus envases se amontonan sobre la arena. Y ojo: no es sólo cuestión de imagen ambiental. Esta contaminación afecta turismo, pesca, salud pública y hasta el prestigio de un país que dice ser megadiverso.
Pero el problema es más profundo. De toda la basura que producimos, un 78% podría tener valor si se reciclara. Pero en el Perú, la informalidad es la norma. Existen cerca de 180 mil recicladores, pero solo 5.500 están formalizados. Eso significa que el grueso de nuestra basura sigue su ruta habitual: del tacho al botadero, del botadero al río, y del río, al mar. En Lima, apenas seis o siete distritos separan su basura. El resto lo lanza todo junto, como si el planeta fuera infinito. Mientras tanto, en el litoral, las playas más famosas del Perú se han convertido en basureros costeros, empañando la postal turística que tanto promociona Promperú.
Es de un cinismo épico posar en congresos internacionales hablando de océanos limpios cuando las playas de tu país son un monumento al plástico. La verdadera emergencia no está en las cumbres diplomáticas, sino en las orillas de Ventanilla, Ancón o Chorrillos, donde el mar ha dejado de ser azul para teñirse de marrón y de basura.
Reflexión final
El Perú necesita menos discursos y más acción. Necesita gobiernos que dejen de usar el ambientalismo como excusa para el turismo diplomático. Necesita empresas que no solo vendan sostenibilidad en sus campañas, sino que recojan lo que producen. Y necesita ciudadanos que comprendan que cada sorbete o botella que botan no desaparece por arte de magia. El mar es generoso, pero también tiene límites. Mientras no lo entendamos, seguiremos siendo líderes… pero en lo único que nadie quiere liderar: en tener las playas más contaminadas del Pacífico.
(Fuente: Inforegión, “Perú lidera ranking internacional de playas más contaminadas del Pacífico”)
