Puerto Inca es la nueva capital de la minería ilegal del oro

Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra

Si usted pensaba que la minería ilegal era solo un problema de Madre de Dios, lamento arruinarle el café: Puerto Inca, en Huánuco, ha tomado la posta como la nueva capital del oro ilegal. Y con honores. Porque aquí no hablamos solo de agujeros en el suelo: hablamos de miles de hectáreas de selva arrasadas, mercurio corriendo como río y, cómo no, narcotráfico frotándose las manos.

Mientras tanto, en Palacio de Gobierno, Dina Boluarte y sus ministros maniquíes siguen posando para la foto, porque gobernar, parece, es demasiado trabajo.

Según un reportaje de El Comercio, Puerto Inca es hoy la meca de los mineros ilegales. Mineros que han emigrado desde Madre de Dios como quien se muda de barrio buscando mejores oportunidades… o territorios menos vigilados.

Solo en lo que va del año, más de 1.000 hectáreas de bosque amazónico han sido convertidas en tierra lunar. Es decir, el doble que en todo el 2024. Y eso es apenas el calentamiento.

Aquí el negocio es redondo: deforestar, sacar oro, verter mercurio en los ríos, y, de paso, abrir corredores para el narcotráfico. Un combo perfecto, mientras el Estado peruano mira para otro lado, ocupado en subir sueldos presidenciales o redactar leyes para legalizar la ilegalidad.

Lo más preocupante es la velocidad con que la mafia minera se organiza y expande. Se desplazan de Madre de Dios a Huánuco sin despeinarse, montan dragas, compran maquinaria, sobornan autoridades locales… y todo ante la pasividad más escandalosa del gobierno.

El oro ilegal no solo destruye la selva. Financia armas, corrupción, tráfico humano y hasta campañas políticas. Pero en Palacio de Gobierno, el asunto no parece existir.

¿Plan contra la minería ilegal? Ninguno. ¿Control de insumos químicos? Brilla por su ausencia. ¿Protección de los bosques? Solo en los discursos para foros internacionales, como aquel Congreso de los Océanos donde Dina Boluarte hablaba de sostenibilidad mientras en casa el mercurio envenenaba peces y personas.

La expansión de la minería ilegal hacia Puerto Inca es la prueba más evidente de que el Perú está en piloto automático. No hay gobierno, no hay autoridad, no hay Estado.

Mientras tanto, la selva se convierte en desierto de mercurio, los criminales amasan fortunas y las comunidades amazónicas, sencillamente, desaparecen.

Reflexión Final
Señora Boluarte y ministros maniquíes: gobernar no es solo lucir la banda presidencial ni salir en la foto con diplomáticos. Gobernar es enfrentar a las mafias que están tragándose la Amazonía.

Cada hectárea perdida es vida que se extingue. Cada gramo de oro ilegal financia un crimen. Y cada día de inacción es complicidad.

Si seguimos así, pronto Puerto Inca dejará de ser solo la capital de la minería ilegal: será la capital de un país que dejó de existir mientras su clase política miraba para otro lado.

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