Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra
Seis muertos por día. Más de mil homicidios en lo que va del año. Sicarios en motos, niñas asesinadas, balaceras en salones de belleza, en bodegas, en calles llenas de gente. Y mientras tanto, en Palacio, Dina Boluarte y sus ministros decorativos parecen convencidos de que todo está bajo control… porque la violencia, al parecer, solo existe en las noticias.
Bienvenidos al Perú 2025, donde los criminales gobiernan las calles y el Estado parece gobernar… PowerPoint. Las cifras son escalofriantes: 1.148 asesinatos en apenas medio año. Lima lidera la lista con 405 muertos, seguida por La Libertad y el Callao. Pero la estadística, fría y seca, no refleja el terror real: niñas de dos años asesinadas en el asiento trasero de camionetas, adolescentes de 15 años acribillados frente a una bodega, mototaxistas ejecutados mientras esperan a una amiga.
Según Infobae Perú, “Este año podría convertirse en el más violento de los últimos tiempos por el incremento de crímenes en el país por el sicariato. Al menos seis personas son asesinadas cada día en el Perú.”
¿Y qué hace el Gobierno?. Nada. O peor aún: planifica conferencias de prensa para explicar que “todo está bien” mientras los casquillos de bala siguen cayendo. La historia se repite en un loop macabro. El caso más reciente: un joven asesinado en un billar en San Juan de Lurigancho. El sicario llegó en moto, subió, disparó doce veces y grabó la ejecución como prueba para sus patrones. Sí, ahora los asesinatos incluyen video para dejar constancia de “misión cumplida”.
Mientras tanto, en los barrios, la gente se ha resignado a bajar la voz y mirar para otro lado. Porque hablar puede costarles la vida. Pero el sicariato no es el único síntoma de un país en caída libre. Mientras corren las balas, también colapsa la salud, la educación, la seguridad alimentaria. Y la minería ilegal sigue avanzando, devorando bosques y financiando armas.
¿Plan de gobierno?. Ninguno. Porque el Perú no tiene gobierno. Tiene ocupantes circunstanciales de Palacio que viven más preocupados por subirse el sueldo o repartirse cuotas políticas que por detener el baño de sangre en las calles. Si algo revela esta ola de violencia es la ausencia total de autoridad y liderazgo. El país está en manos de organizaciones criminales, de mafias armadas hasta los dientes y de un Estado que, honestamente, hace mucho decidió no pelear más.
Reflexión Final
La violencia en el Perú no es una casualidad. Es el resultado de años de indiferencia, corrupción y políticos más interesados en sus dietas que en la vida de sus ciudadanos. Seis muertos al día. Cada día. Esa es la realidad. Mientras tanto, Palacio sigue en piloto automático y el gobierno en modo silencio. Porque en el Perú de 2025, los criminales disparan y el Estado… solo mira.
