Por Edwin Gamboa, fundador Caja Negra
Dicen que el Perú es el país de los grandes emprendimientos. Y sí, vaya que lo es. Solo aquí se puede convertir un grano de arroz en el corazón de un negocio millonario, mientras se vende como salvación contra la anemia. Bienvenidos al último capítulo de la tragicomedia nacional: el escándalo del arroz fortificado que salpica a Fredy Hinojosa, vocero estrella de Dina Boluarte, y deja al Palacio de Gobierno oliendo a grano recocido… y a algo más turbio.
Todo empezó con nobles intenciones: reducir la anemia infantil, una de esas calamidades que nos avergüenza ante el mundo civilizado. En 2019, el arroz fortificado entró a escena como el héroe de la película, listo para rescatar a millones de niños peruanos. Pero, como suele ocurrir en estas tierras, lo que comienza como solución acaba convertido en negocio. Millonario, por supuesto.
Fredy Hinojosa, el ahora vocero presidencial, es pieza clave en este arrozal de irregularidades. Cuando dirigía Qali Warma, se habrían tejido las redes que permitieron que empresas muy específicas, como Maquilak —de la familia Castro Yangali—, en sociedad con la multinacional DSM, se quedaran con la exclusiva del producto. No era casualidad: la norma exigía que el arroz tuviera al menos 2% de grano símil, un ingrediente que solo ellos producían. Así, la competencia quedó afuera, y el negocio adentro. Todo un golpe maestro… digno de cualquier MBA en “Contrataciones Públicas a Medida”.
Mientras tanto, la Contraloría lanzaba advertencias: había direccionamiento, favoritismo y contratos sin transparencia. Pero esas advertencias quedaron archivadas, como suele suceder cuando se interponen en el camino de los millones. El resultado: más de 150 contratos adjudicados entre 2020 y 2025, superando los 560 millones de soles. Y todo eso, supuestamente, para salvar a nuestros niños de la anemia.
Y aquí es donde la historia se torna aún más absurda. Porque, a pesar de los ríos de dinero invertidos, nadie ha podido demostrar científicamente que el arroz fortificado sirva realmente para combatir la anemia infantil. Los estudios en escolares brillan por su ausencia, los ensayos planeados nunca se realizaron, y lo poco que se ha probado fue en adultos. Peor aún, especialistas advierten que dar hierro a niños que no lo necesitan podría provocarles más daño que beneficio. En Lima, familias han confesado que el arroz fortificado es tan difícil de preparar y comer que termina… en la basura. Como tantas otras buenas intenciones en este país.
Pero, pese a toda esta tormenta, el Congreso —fiel a su costumbre de legislar en piloto automático— ha extendido por ley el uso del arroz fortificado a todos los programas sociales y ha impulsado su venta en supermercados. Mientras tanto, Fredy Hinojosa, sobre quien pesa pedido de impedimento de salida por parte de la Fiscalía, sigue como vocero de la presidenta Dina Boluarte. Porque, en el Perú, tener procesos judiciales pendientes no es obstáculo para seguir dando la cara por el Gobierno. Más bien, parece ser requisito.
Así estamos: sin glaciares, sin agua y, por si fuera poco, sin pruebas científicas que respalden el arroz fortificado que costó millones y que prometía salvarnos de la anemia. Pero, claro, con voceros presidenciales que siguen tan firmes en sus cargos como las costumbres de hacer negocios a la sombra del poder.
Reflexión final
En el país donde se vende el milagro en cada sobre, y donde todo plan social termina siendo negocio para unos pocos, lo que menos importa es si los niños siguen anémicos. Porque aquí, lo que vale no es la salud pública, sino el ingenio para convertir un grano de arroz en una mina de oro. Y mientras tanto, Dina Boluarte y sus ministros seguirán pronunciando discursos sobre justicia social, mientras en Palacio se sigue cocinando el mismo arroz… pero cada vez más quemado.
