Dina Boluarte con canasta llena… y ciudadanos con canastas vacías

Por Edwin Gamboa. Fundador Caja Negra

Trabajar en el Perú ya no es garantía de nada. Ni de comida, ni de salud, ni de dignidad. Más de 1.4 millones de limeños tienen empleo, pero no les alcanza ni para media canasta básica. En el resto del país, el panorama es aún más indignante: pobreza estructural, abandono total y hambre normalizado. Mientras tanto, en Palacio, Dina Boluarte se asegura su sueldazo y mira el país arder desde la torre de marfil de su blindaje político. Y que nadie moleste, que está ocupada contando los días hasta julio de 2026, cuando por fin podrá irse… con pensión dorada incluida.

¿Crisis?. ¿Qué crisis?. En la narrativa oficial, el Perú está en recuperación. Claro, una recuperación invisible, como el plan de gobierno, el liderazgo presidencial o la voluntad política. Según el economista Carlos Adrianzén, ni siquiera hemos vuelto a los niveles de productividad del 2012. Pero eso sí: nos seguimos endeudando con tarifas del 2025.

El salario mínimo no alcanza ni para comprar el 50% de una canasta familiar. Y si alguien en Palacio cree que esa canasta cuesta S/ 1,700, habría que recordarle que eso no incluye salud, educación, alquiler, ni los “impuestos criminales” que cobra la extorsión organizada en cada esquina del país. Porque sí, en el Perú 2025 el crimen sí paga. El trabajo, no.

Pero mientras el pueblo revisa los precios de los huevos como si fuesen acciones de Wall Street, Dina Boluarte se aumentó el sueldo sin sonrojarse. Es más, gana más que varios presidentes de América Latina, incluyendo a mandatarios que, por lo menos, gobiernan. Y lo hace con apenas 2% de aprobación. Aunque, seamos realistas, cuando esta columna se publique probablemente ya esté en 0%.

Y claro, no se puede dejar de mencionar a los ministros decorativos, que aparecen solo cuando hay que leer comunicados redactados por otros. El Estado ha desaparecido. Pero ojo, solo para los ciudadanos. Para los funcionarios, sigue funcionando perfecto: sueldos, viáticos, asesores, escoltas y aire acondicionado.

El país está secuestrado. No por terroristas, sino por la inoperancia. Mientras la gente muere por falta de medicina, por desnutrición o por una bala pagada con cupos extorsivos, en el Ejecutivo siguen ocupados… en sobrevivir políticamente, en negociar impunidades, en ver qué más se puede blindar. Y si el pueblo se indigesta con esta realidad, que no busque atención médica: los hospitales también colapsaron.

En este contexto, que alguien trabaje ocho, diez o doce horas diarias y no pueda alimentar a su familia, no es pobreza: es humillación institucionalizada.

Reflexión Final
¿Para qué sirve un gobierno que no gobierna?. ¿Una presidenta que no preside?. ¿Un país donde trabajar no sirve para vivir?. Nos dicen que la economía crece. Pero lo único que crece es la rabia. Y mientras Dina cuida su sueldo y su sillón, el pueblo cuida su estómago vacío y su rabia acumulada. La canasta está vacía, pero el hartazgo ya rebalsa.

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