Por Edwin Gamboa, Fundador Caja Negra
¡Qué patriótico resulta celebrar Fiestas Patrias paralizando Lima y el Callao!. En el Perú de hoy, la independencia se conmemora no con desfiles ni bandas escolares, sino con paros, bloqueos y marchas. Esta vez, los transportistas han decidido que la mejor manera de honrar la bandera es decirle al gobierno: “¡Basta!”.
Porque, aunque no lo crean, la libertad de tránsito está quedando reducida a la libertad de los extorsionadores para vaciar bolsillos y dejar cadáveres en las pistas. Y mientras tanto, en Palacio de Gobierno, Dina Boluarte y sus ministros decorativos parecen estar contando los días para llegar a julio de 2026, en un piloto automático que no se apaga ni en emergencia.
Los días 27 y 28 de julio se perfila un feriado de bandera… pero con sabor a caos. Transportistas de Lima, Callao y de distintas regiones anuncian una movilización que podría paralizar el país entero. Y no es solo por antojo o por espíritu revoltoso. Es porque cada día están matando choferes, cobradores y dueños de vehículos, mientras las mafias cobran cupos hasta para arrancar un motor.
Miguel Palomino, presidente de la Asociación Nacional de Conductores del Perú, lo dijo clarito en Exitosa Noticias: “Es lamentable que sigamos perdiendo compañeros y que el gobierno no haga nada”. Ahí está el resumen perfecto de la tragedia: la gente muere en las pistas, y el Ejecutivo responde con silencio, retórica y más silencio.
Para colmo, los transportistas no solo piden seguridad. Piden también que se derogue un conjunto de leyes que, según ellos, parecen diseñadas para facilitar la vida a las organizaciones criminales. Y no sería raro, porque en este país las leyes se redactan con tanta creatividad que a veces uno no sabe si protegen al ciudadano… o a los delincuentes.
La protesta planeada incluye plantones frente al Palacio de Justicia y marchas hacia el Congreso. En otras palabras, la ruta de los reclamos pasará por las dos instituciones donde la esperanza ciudadana va a morir lentamente entre expedientes y sesiones plenarias. Y mientras tanto, la Presidencia y sus ministros siguen en su propio paro indefinido de decisiones. Decorativos, inmutables y ausentes, como maniquíes de tienda de ropa cara.
La indignación de los transportistas es la indignación de millones. Porque el Perú, hoy, es un país donde un conductor sale a trabajar sin saber si volverá vivo, donde las balaceras son la banda sonora de cada barrio, y donde extorsionar es un negocio casi tan lucrativo como la minería ilegal. Y en ese escenario, el Gobierno parece más interesado en sobrevivir hasta el 28 de julio de 2026 que en gobernar. No hay plan, no hay liderazgo y, sobre todo, no hay vergüenza.
Reflexión Final
Se acerca el aniversario patrio y quizás la frase más patriótica que podemos gritar no es “¡Viva el Perú!”, sino “¡Basta de vivir con miedo!”.
Porque mientras los ministros tiemblan ante cualquier protesta y la Presidenta se limita a tachar días en el calendario, las calles se siguen tiñendo de sangre. Y así, este 28 de julio podría no ser un homenaje a nuestra independencia, sino un nuevo recordatorio de lo dependientes que nos hemos vuelto de la ley del crimen.
