Olivia Smith, la futbolista más cara de la historia, tiene raíces peruanas

En el Perú, tierra fértil en memes deportivos y desiertos de gloria, cualquier éxito internacional ajeno basta para que nos arrojemos en masa al orgullo hereditario. No importa si nació en Canadá, si jugó en Portugal o si nos queda a once mil kilómetros de distancia: si tiene una abuela peruana, ya es nuestra. Así, en lugar de sembrar talento propio, nos especializamos en la cosecha de vínculos sanguíneos. Porque cuando no hay medallas, ni planificación, ni inversión estatal, nos abrazamos a lo único que nos queda: la genética. Y la historia reciente de Olivia Smith —la nueva futbolista más cara del mundo— lo confirma. Es canadiense, es estrella del Arsenal… y es nieta de peruana. ¡Vamos, Perú!

Olivia Smith, con apenas 20 años, ha reventado el mercado del fútbol femenino: el Arsenal pagó 1.3 millones de euros al Liverpool por su fichaje, rompiendo récords de transferencias en el deporte rey. Pero aquí en Perú, más que su talento, lo que generó titulares fue otro dato: su abuela materna nació en estas tierras. Una vez más, como en los casos de Lapadula, Sonne o cualquier otro deportista que haya pisado alguna vez suelo peruano en una escala de vuelo, la maquinaria mediática se puso en marcha: entrevistas familiares, análisis genealógicos y, por supuesto, el inevitable “¿y si hubiera jugado por la blanquirroja?”.

Olivia debutó profesionalmente en el Sporting de Lisboa, pasó al Liverpool, fue al Arsenal, jugó un Mundial con Canadá y fue premiada como la mejor jugadora joven en la Copa Oro de la Concacaf 2024. Y sin embargo, en Perú, la atención está puesta en que su madre se apellida Riquelme-Smith y que tiene sangre incaica. ¿De verdad seguimos midiendo nuestra grandeza por parentescos? ¿No es más urgente preguntarnos por qué no existe una política seria de detección de talentos femeninos en el país? ¿Por qué nuestras futbolistas entrenan en canchas maltrechas, sin apoyo logístico ni un sistema de ligas competitivo?

Mientras Olivia Smith firmaba su contrato millonario en Londres, en Perú no existe una sola cancha de césped natural homologada para el fútbol femenino profesional. Mientras ella era portada de The Guardian, aquí se suspendía la liga por falta de presupuesto y las jugadoras pedían agua para entrenar. ¿Y aún nos preguntamos por qué nuestras figuras nacen y brillan lejos?

Más allá del absurdo de celebrar logros ajenos, esta obsesión con la “peruanidad lejana” es un síntoma grave. En lugar de mirar hacia dentro y exigir cambios estructurales —formación deportiva escolar, inversión pública, profesionales calificados, planificación a largo plazo— nos conformamos con los retazos. «No tenemos oro, pero tenemos sobrinas de quienes sí lo ganan». Así vamos.

El caso de Olivia Smith no debería inspirarnos nacionalismo adoptivo, sino vergüenza estructural. Porque si ella hubiese nacido y crecido en Perú, difícilmente habría llegado al Arsenal. Y no por falta de talento, sino porque en el Perú, el talento muere por abandono estatal, dirigencias obsoletas y un sistema deportivo roto. Smith no es un símbolo de orgullo peruano; es un espejo doloroso de todo lo que no estamos haciendo.

Reflexión final
Tal vez deberíamos institucionalizar esta manía nacional: crear una “Comisión Nacional de Búsqueda de Triunfadores con ADN Peruano” que identifique y se apropie de logros externos. Así, cuando no ganemos en la cancha, ganamos al menos en los árboles genealógicos. Y si todo falla, podríamos importar políticos con raíces peruanas y valores europeos. Porque si no podemos tener medallas, al menos que nos quede el consuelo de haber sido abuelos de alguien que sí las ganó.

Edwin Gamboa, fundador Caja de la Caja Negra

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