Tras el bochornoso espectáculo de tribunas vacías en el Mundial de Clubes, la FIFA ha tomado “previsiones”. ¿La solución?. Abrir antes la venta de entradas, por si la emoción no alcanza para llenar estadios. Pero el problema no son solo las butacas vacías: lo que se avecina es un Mundial donde el alma del fútbol puede quedarse atascada… en migraciones.
La FIFA ha confirmado que ya están a la venta las entradas para los 104 partidos del torneo, que se disputará entre Estados Unidos, México y Canadá. Una estructura descomunal con 48 selecciones, 16 sedes y un sinfín de ilusiones vendidas por lotes. Pero mientras los fans sueñan con ver la Copa del Mundo en vivo, hay un pequeño detalle que amenaza con romper el encanto: no todos los hinchas podrán entrar al estadio… o al país.
Sí, así como lo lee. Mientras en Qatar 2022 el debate fue el calor, la censura o los derechos humanos, en el Mundial 2026 la preocupación es más “logística”: ¿cómo entran los hinchas a Estados Unidos?. Porque entre visas imposibles, restricciones migratorias, listas negras, chequeos de seguridad y antecedentes en idiomas que no se entienden, el ingreso a los estadios se parecerá más a una entrevista de asilo político que a una fiesta deportiva.
Y eso sin contar la participación de selecciones como Irak, Venezuela, Irán o cualquier país cuya bandera provoque erupciones en el Departamento de Estado estadounidense. ¿Qué pasará si se clasifica una selección cuyos hinchas no pueden pisar territorio norteamericano?. ¿Verán el partido por Zoom?. ¿FIFA incluirá hologramas de público para simular pasión?. ¿Se permitirá alentar por carta notariada?.
El otro gran detalle: la venta anticipada de entradas. Una movida que intenta evitar otro papelón como el del Mundial de Clubes 2025, donde los estadios parecían auditorios de conferencias médicas. Pero aquí la pregunta de fondo es más dolorosa: ¿por qué cuesta tanto vender el fútbol en Norteamérica?. La respuesta es sencilla y brutal: porque en Estados Unidos, el fútbol sigue siendo el deporte número cinco… y eso con suerte. No hay cultura, no hay tradición, y no hay pasión. Solo hay marketing.
El Mundial 2026 podría pasar a la historia como la Copa con más entradas vendidas por bots, más hinchas rechazados en aduanas y más asientos vacíos con pantallas LED de “Fans virtuales desde casa”. Y no es porque el fútbol no tenga magia, sino porque la FIFA, en su cruzada por globalizar el negocio, ha olvidado algo básico: el fútbol no se impone, se siente.
Reflexión final
Infantino y compañía siguen empeñados en inflar el globo hasta que reviente. Más equipos, más partidos, más países, más reglas nuevas, más sponsors… pero menos alma. Porque si el Mundial se vuelve un trámite burocrático, si la emoción depende de una aplicación y la entrada de un hincha depende de una embajada, entonces no estamos organizando la fiesta del fútbol, sino una cumbre de cartón. El Mundial 2026 aún no empieza, pero ya huele a protocolo. Y el fútbol, ese sí, no admite visas para entrar al corazón.
Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra
