Dicen que las promesas se las lleva el viento, pero en el Perú del 2025, el viento ni se toma la molestia: simplemente las ignora, porque ya sabe que son humo desde el primer párrafo. Dina Boluarte, la presidenta con el índice de aprobación más bajo del planeta —sí, del planeta—, celebrará un nuevo 28 de julio sin gloria, sin pueblo y sin vergüenza. Con un país gobernado por bandas criminales, hospitales colapsados, escuelas en ruinas y regiones enteras extorsionadas, lo único que queda firme es su obsesión por sobrevivir políticamente hasta el 2026, aunque sea entre escoltas, vuelos y joyas.
El mensaje a la nación de 2024 fue calificado por El Comercio como el más largo del siglo XXI: 5 horas, 79 páginas y un despliegue de promesas que, un año después, compiten en una sola categoría: “nada se cumplió”. Seguridad ciudadana, puestos policiales, reconocimiento facial, complejos en Chancay, eficiencia en Talara… todo fue puro PowerPoint de salón. Porque si algo sabe este gobierno, es dibujar castillos en el aire, siempre y cuando no haya que ponerles cimientos.
Empecemos por la estrella de las promesas: la seguridad ciudadana. Dina ofreció presencia policial desde el amanecer hasta la noche. A falta de resultados, ahora se cumple al revés: desde el anochecer hasta el amanecer gobiernan los sicarios, los extorsionadores y las mafias del cobro diario. El país está dividido entre los que pagan cupo y los que ya cerraron la bodega.
Anunció también un plan piloto de vigilancia con reconocimiento facial en centros comerciales. No sabíamos que el piloto era tan secreto que ni el plan ni las cámaras existen. Mientras tanto, los únicos que realmente reconocen los rostros en las calles son los delincuentes, que ya saben quién vende, quién paga y quién denuncia.
¿Y los puestos policiales en zonas naturales?. Según Dina, cinco estaban en funcionamiento. Según la realidad, cuatro no existen y el quinto apenas sobrevive en la Reserva Allpahuayo Mishana. En zonas dominadas por la minería ilegal, el narcotráfico y la tala criminal, la Policía brilla… pero por su ausencia.
En Chancay, tierra estratégica y ahora foco de interés geopolítico, Boluarte prometió un complejo policial de S/84 millones con avance del 45% para julio 2025. Corte a: no hay piedra, no hay cemento, no hay nada. Solo trámites, papeles y promesas archivadas junto al plan de lucha contra la criminalidad. Lo que sí avanza es el puerto chino.
La refinería de Talara también tuvo su momento de gloria discursiva: reestructuración, eficiencia, orgullo nacional. Pero el balance es otra joya: una inversión de seis mil millones de dólares, una deuda de ocho mil y un retorno incierto que apenas bordea los cuatro mil. A estas alturas, parece más una olla a presión que una refinería.
Y mientras las cifras de desnutrición, anemia y abandono escolar aumentan, el gobierno lanza las “Wasiymi”, las viviendas de cartón discursivo. Promesas bonitas que se desarman al primer friaje, el mismo que golpeará a media Amazonía este 28 de julio, según alerta el Senamhi. Pero no se preocupen, que el despacho presidencial ya pidió agencia de viajes para volar a Europa, Asia y América. Gestión con enfoque… turístico.
Dina Boluarte no gobierna: sobrevive. Y su estrategia parece sencilla: leer discursos interminables, estirar el calendario, viajar cuando la cosa se pone fea y confiar en que la memoria del país es tan frágil como su popularidad. La “presidenta de las promesas” ya no convence ni con teleprompter. Y la población, como lo demuestran las encuestas y los comentarios callejeros, no espera absolutamente nada de ella este 28 de julio, salvo que no hable tanto y no suba más su sueldo.
El Congreso, por su parte, la mira sin pudor. Saben que juntos han creado una alianza de impunidad, decorada con “agendas proactivas” y discursos regionales vacíos. Los hospitales siguen sin medicina, las escuelas sin docentes y las regiones sin agua. Pero en la capital política, el problema es quién se queda con qué ministerio y qué empresa provee los almuerzos.
Reflexión final
Dina Boluarte prometió seguridad, desarrollo, dignidad. Pero un año después, solo ha entregado decepción, caos y un país gobernado por organizaciones criminales. La minería ilegal la tiene acorralada, la extorsión domina barrios enteros, y el desgobierno es tan evidente que hasta el sarcasmo se queda corto.
La historia recordará su mandato como el de las promesas más largas y los resultados más ausentes. Mientras ella busca sobrevivir un año más, el Perú sobrevive cada día con menos fe, menos derechos y menos Estado. Lo único que crece es la impopularidad… y el kilometraje de sus viajes oficiales.
Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra
