Dicen que las encuestas son solo una fotografía del momento. Pero cuando esa foto muestra a más del 98% del país opinando que su presidenta es incapaz, no estamos frente a una instantánea: estamos ante una radiografía de la catástrofe nacional. Y, por si fuera poco, esa misma presidenta, en pleno colapso institucional, se sube el sueldo de 15 mil a 36 mil soles, como si dirigir el país al borde del abismo fuera una hazaña digna de bonificación.
Dina Boluarte no necesita enemigos políticos. Se basta ella sola. Cero coma tres por ciento la considera “muy capaz”. Eso es casi el margen de error. Pero en el Perú, ese 0,3% basta para seguir en Palacio… por lo menos hasta el 28 de julio de 2026, fecha que el régimen parece haber convertido en su única política de Estado: “Aguanta nomás”.
La reciente encuesta de CPI no deja espacio para interpretaciones eufemísticas: el país la considera incapaz. Punto. Más de la mitad la califica como “muy incapaz” (57.6%) y otro 36% la etiqueta como “incapaz”, lo que nos deja con un consenso nacional pocas veces visto en la historia republicana. Ni la blanquirroja genera tanta unidad.
¿La respuesta del gobierno a este rechazo masivo? Subirse el sueldo. En medio de hospitales sin insumos, colegios cayéndose a pedazos, crimen organizado tomando regiones, desnutrición infantil disparándose, minería ilegal operando como virreinato y un narcoestado en gestación, la prioridad fue premiar la inoperancia presidencial con 36 mil soles mensuales. Porque, claro, alguien tiene que cobrar por no hacer nada.
Y no es que el sector empresarial la salve. Según Ipsos, el 97% de los principales gerentes del país también la desaprueba. En resumen: ni el pueblo ni el capital la respaldan. La gestión Boluarte logró lo que parecía imposible: unir al Perú en el hartazgo, aunque sea por razones distintas.
Pero si algo caracteriza a esta administración, es su desconexión con la realidad. Mientras los peruanos caminan con miedo, se endeudan para comprar alimentos o migran en masa al extranjero, el Ejecutivo insiste en mostrar pirotecnia legislativa, gestos simbólicos y discursos vacíos. No hay plan de gobierno, no hay reformas, no hay liderazgo. Solo hay permanencia. Y eso, en este país, ya parece suficiente.
Porque si el país está tomado por la criminalidad, al menos que alguien tome el sillón presidencial, ¿no?.
Dina Boluarte es hoy la presidenta más impopular del planeta, según cifras que ni el margen de error logra maquillar. Y sin embargo, sigue ahí. Con ministros ausentes, sin partidos que la respalden, sin pueblo que la escuche y con un Congreso que la utiliza más como coartada que como aliada. Pero no se confundan: la inercia también gobierna. Y cuando el desgobierno se normaliza, lo inaceptable se institucionaliza. La cifra más preocupante no es el 98% de rechazo. Es el 0,3% que aún cree que esto tiene futuro.
Reflexión final
El Perú, una vez más, ha logrado reinventar la política. Hemos llegado al punto donde la incapacidad no se oculta, se formaliza por decreto y se paga con aumento salarial. Mientras tanto, el país se hunde entre extorsiones, balas, apagones institucionales y desnutrición.
Pero no todo está perdido. A falta de gobernantes, al menos nos queda el humor, la ironía y la memoria. Porque si no aprendemos a reírnos del absurdo, terminaremos aceptándolo como destino. Y eso, señores, sí que sería verdaderamente incapaz de soportar.
Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra
