Las interminables vacaciones de César Acuña

En el Perú del desgobierno crónico, donde la realidad supera a la sátira, César Acuña ha decidido romper récords… pero no de gestión. El eterno candidato presidencial y gobernador de La Libertad ha vuelto a pedir vacaciones. Ya no sorprende: acumula más de 145 días fuera del cargo desde que asumió. Mientras su región es tomada por el crimen organizado, la extorsión se dispara y la minería ilegal cava profundo en las entrañas del Estado, Acuña elige desaparecer. Y, como cereza del absurdo, su desaparición coincide —¡oh coincidencia!— con un nuevo escándalo por contratos millonarios entregados a dedo.

¿Puede un gobernador liderar desde la Champions League?. Para César Acuña, sí. Porque mientras su región arde —literal y metafóricamente— él se divierte en entrevistas con youtubers, presume su colección de perfumes y viaja al fútbol europeo. Un hombre que gobierna por Wi-Fi, entre una selfie y otra, y cuyas prioridades se reparten entre licitaciones cuestionadas y copas de champagne en París.

Este 29 de julio, apenas acabaron las Fiestas Patrias, Acuña decidió “regalarse” unas merecidas vacaciones. Total, gobernar es cansado… aunque no lo practique. Su nueva escapada lo aleja del cargo hasta el 9 de agosto. ¿El motivo?. Según el comunicado oficial, “descanso personal”. Según la ciudadanía, “huida estratégica”. Porque justo mientras el fiscal anticorrupción allana la sede del Gobierno Regional por contratos de más de S/ 300 millones adjudicados a un joven de 23 años, el líder de Alianza para el Progreso opta por el silencio institucional, como quien se esfuma de una escena del crimen.

Pero Acuña no es un caso aislado: es el reflejo distorsionado de un país que se ha acostumbrado a autoridades que no gobiernan, solo gestionan su agenda personal. Su pareja en el desgobierno, Dina Boluarte, también ha demostrado que el poder se puede ejercer desde los viajes protocolares, los silencios selectivos y los Rolex de dudosa procedencia. Ambos tienen algo en común: mucho equipaje, poco liderazgo.

Mientras tanto, en La Libertad, el crimen organizado no toma vacaciones. La liberación reciente del cabecilla de “Los Pulpos” confirma lo que todos saben: el Estado ha sido desplazado. Las extorsiones no solo afectan a empresarios, comerciantes o transportistas, sino que paralizan colegios, postas médicas y hasta pequeños negocios. Pero eso parece no inquietar al gobernador Acuña, más ocupado en sus hobbies que en su región.

La figura del gobernador regional se ha transformado en una caricatura del poder: un funcionario ausente, sin hoja de ruta ni sentido del deber. Su imagen, sonriente en Europa o en estudios de grabación de influencers, contrasta con la de miles de ciudadanos liberteños que viven con miedo, que pierden familiares por la violencia o que esperan obras que jamás llegan.

La gestión regional no es un reality show, aunque Acuña intente convertirla en uno. Su licencia de vacaciones es en realidad una licencia moral que ha firmado con su propio desgano. No se trata solo de una ausencia física: es una renuncia simbólica al mandato que alguna vez le otorgaron las urnas.

Reflexión Final
César Acuña es, en el fondo, una metáfora de nuestro tiempo político: dirigentes que se mimetizan con el poder para luego disolverse en la inacción. Gobernadores que huyen de la realidad con la facilidad con la que un burócrata firma una licencia. Y lo peor es que ya no nos escandaliza.

Quizá el problema no es solo que Acuña se ausente. El verdadero drama es que nadie nota su ausencia. Porque ya hace tiempo que gobernar, en este país, es sinónimo de no hacer nada… pero con estilo.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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