Farmacias pueden ser multadas por vender sin receta médica

En una repentina ráfaga de lucidez —o quizás porque alguien encendió la luz en el Ministerio de Salud— la Digemid ha salido de su largo letargo burocrático para recordarnos que vender medicamentos sin receta está mal. Muy mal. Tanto, que ahora las farmacias podrían ser multadas con más de 5 mil soles por no pedir una receta. ¡Bravo! Aplausos. Pero, antes de celebrar la autoridad recuperada, ¿alguien puede preguntarle al gobierno si por casualidad tiene un plan nacional de salud? ¿O si simplemente está tratando de tapar una hemorragia con una curita?.

Según la Digemid, la venta de antibióticos, psicofármacos, antihipertensivos y antidepresivos sin receta médica pone en riesgo la salud pública. ¡Descubrimiento del año! Nos dicen que ahora sí fiscalizarán. Que se aplicará el Reglamento de Establecimientos Farmacéuticos con todo su rigor. Que el que no tenga receta válida, original, firmada y sellada, se va con multa y todo. Y, sin embargo, nadie se detiene a mirar el verdadero problema: el bosque detrás del árbol.

Porque en el Perú, si alguien compra sin receta médica no es por rebeldía ciudadana ni por querer jugar al doctor. Es porque conseguir una cita médica en un centro de salud es un acto de fe. Es porque los hospitales están desabastecidos, las postas sin médicos, y las colas más largas que las explicaciones del Ejecutivo para justificar sus errores.

Señora Dina Boluarte y señor César Vásquez, ministro de Salud: si quieren que los peruanos no se automediquen, empiecen por garantizar atención médica oportuna, medicamentos en los hospitales y un sistema de salud que no colapse cada vez que alguien estornuda. No basta con advertir sobre el uso inadecuado de antibióticos o la dependencia a psicofármacos. Lo que necesitamos es acceso. Diagnóstico. Y un mínimo de respeto a la salud como derecho, no como lujo.

Mientras Digemid lanza advertencias y amenazas, miles de peruanos se enfrentan a un sistema de salud inoperante. Y cuando por fin logran una consulta médica, descubren que no hay medicamentos. Así que, ¿qué hacen? Van a la farmacia. Y compran lo que pueden. Sin receta, sin orientación, y con el único respaldo de su desesperación.

Pero el Ejecutivo, lejos de presentar una política de salud integral, prefiere aplicar la sanción fácil. Multas para farmacias, discursos para Naciones Unidas y selfies en ferias internacionales. Porque, claro, es más fácil sancionar a un boticario que abastecer una posta médica en Ayacucho.

Y no olvidemos el espectáculo de la salud digital. Promesas de telesalud, aplicativos móviles y redes de referencia que no refieren nada. Pero de medicamentos básicos, cero. De prevención, ni hablar. De salud mental, pura cosmética. Eso sí, multas sobran.

El problema no es que la gente compre sin receta. El problema es que el Estado no ofrece una alternativa digna. Penalizar la venta sin receta sin resolver el caos sanitario es como culpar al náufrago por nadar mal sin preguntarse por qué no hay bote salvavidas. La receta médica debe ser obligatoria, sí, pero el acceso a ella también.

La Digemid puede seguir haciendo comunicados y citando normas. Pero mientras los hospitales sigan vacíos y los consultorios saturados, el ciudadano seguirá improvisando su propia medicina. Y no por ignorancia, sino por abandono.

Reflexión final
Dina Boluarte y su ministro de Salud podrían, si se lo propusieran, ver más allá de la receta. Podrían mirar el bosque de problemas y no quedarse colgados del árbol sancionador. Pero eso implicaría tener un plan. Una estrategia. Una visión de salud pública que trascienda lo administrativo. Hoy, el sistema de salud peruano está enfermo. Y lo que se receta desde Palacio no es medicina, es placebo. Señora presidenta, señor ministro: gobernar es más que fiscalizar. Es garantizar que el peruano no tenga que elegir entre curarse solo o no curarse nunca.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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