Mientras el Perú se desploma entre extorsiones, asesinatos, minería y narcotráfico ilegal, hay algo más que también está desapareciendo: las mujeres. Niñas, adolescentes y adultas se esfuman del mapa como si fueran estadísticas desechables, mientras el Estado responde con indiferencia crónica, ministros de cartón y una presidenta que, en lugar de enfrentar la emergencia, se sube a un avión con cinco ministros rumbo a Oriente. Porque, claro, nada dice “me importa el país” como gastarse más de 129 mil dólares en viáticos mientras miles de familias buscan a sus hijas con una foto en la mano y un grito que no conmueve a nadie.
Según la Defensoría del Pueblo, el primer semestre del 2025 ha sido un campo de exterminio silencioso. Setenta y ocho feminicidios. Más de seis mil mujeres reportadas como desaparecidas. Un 41% más de niñas y adolescentes esfumadas en comparación con el año pasado. Pero en lugar de encender alarmas, al Gobierno parece importarle más que no se le pierdan las maletas diplomáticas en el aeropuerto.
En junio, 926 denuncias de desaparición de mujeres. De ellas, 477 fueron niñas y adolescentes. Lima lidera el ranking con orgullo estadístico: 315 casos. Y no es solo un problema de cifras. Cada desaparición puede ser el inicio de una cadena de horrores: trata, abuso sexual, explotación, feminicidio. Pero claro, los ministros están muy ocupados comiendo sushi en Tokio o ensayando discursos de cooperación mientras aquí las mujeres son tragadas por redes criminales, impunidad judicial y la apatía estatal.
La presidenta Dina Boluarte, que gobierna por WhatsApp entre un escándalo y otro, ha optado por una estrategia revolucionaria: desaparecer con el país. Porque no hay otra forma de entender cómo, en medio de este infierno, se embarca a Asia con su comitiva de siempre —incluyendo a la famosa testigo del caso Rolex— para representar al Perú en “eventos comerciales y de cooperación”. ¿Cooperación para qué?. ¿Para importar más impunidad?
Y el Congreso, ese otro órgano en estado vegetativo, aplaude y autoriza los viajes. Total, también tienen las maletas listas. El pacto tácito es claro: que desaparezcan las mujeres, pero no los privilegios. Que desaparezca el Estado, pero no el presupuesto.
¿Y los hospitales?. Colapsan. ¿Las escuelas?. Sin materiales ni maestros. ¿Los niños?. Con anemia. ¿La Policía?. Hackeada. ¿El Ministerio del Interior?. Incapaz de implementar siquiera un protocolo básico de atención para desaparecidos. Eso sí, para redactar resoluciones supremas que aprueban pasajes y viáticos hay eficiencia exprés.
Lo que desaparece en el Perú no son solo mujeres. Está desapareciendo el contrato social. La mínima promesa de un Estado que protege, atiende y previene. Desaparecen los derechos, la empatía, la capacidad de indignación. Y desaparece también la gobernabilidad, devorada por la corrupción, el desgobierno y el cinismo de una clase política que ya ni finge preocuparse.
Porque cuando una presidenta escapa en avión mientras cientos de madres claman por sus hijas; cuando un ministro firma viáticos mientras se entierra a otra víctima de feminicidio; cuando el Congreso calla ante un país que se desangra… no hablamos de crisis. Hablamos de complicidad.
Reflexión final
Señora Boluarte, señores ministros, honorables congresistas: mientras ustedes desaparecen en los pasillos de la diplomacia y los viajes protocolares, el Perú real desaparece en las calles, en los bosques tomados por mineros ilegales, en las aulas sin futuro, en los hogares vacíos por la violencia.
No es solo una cifra más. Son vidas. Son hijas. Son peruanas. Y mientras el país cae en piloto automático hacia el abismo, ustedes tienen el descaro de sonreír en la foto oficial. El Perú no solo está en su peor momento histórico. Está desapareciendo… y ustedes están ayudando
Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra
