En el Perú, cuando un político pone la “primera piedra” de una obra pública, conviene revisar dos cosas: la lista de invitados… y la de adjudicatarios. Porque mientras el pueblo aplaude esperanzado, hay empresarios, amigos y operadores que ya celebran de antemano: no por la salud de la población, sino por la salud de sus cuentas bancarias.
El reciente escándalo del Hospital de Virú, con un contrato de S/ 194 millones, no es una excepción. Es más bien una clase maestra sobre cómo disfrazar una campaña electoral con cascos blancos, cómo usar el Estado como trampolín y cómo repartir recursos públicos entre los de siempre… o los nuevos con el apellido adecuado.
Lucero Coca, los Yangari y el consorcio de la suerte. La cara más visible del consorcio ganador es Lucero Coca Condori, una joven de 23 años, recién egresada de Derecho, sin trayectoria previa, que en apenas un año pasó de estudiante universitaria a gerenta general de una empresa que ha ganado más de S/ 300 millones en licitaciones con el Estado. ¿Milagro peruano?. No exactamente: su empresa fue premiada por el Gobierno Regional de La Libertad, presidido por nada menos que César Acuña, jefe máximo de Alianza para el Progreso (APP) y eterno candidato presidencial.
Pero Lucero no está sola. La acompaña en el consorcio Joel Yangari Cartolín, fundador de JM Constructores Peruanos, otra empresa sin experiencia relevante que, súbitamente, pasó de órdenes de servicio menores a contratos multimillonarios. ¿Casualidad?. Lo dudamos. Joel, además, es director del Grupo Johesa, compañía fundada por su hermano Saúl Yangari, especializada en contratos jugosos con gobiernos regionales y entidades del Estado.
Esta red familiar ha ganado contratos en Piura, Tacna, Loreto, Lima y ahora en La Libertad. No por capacidad técnica, sino por una admirable habilidad para estar siempre en el lugar correcto, con los contactos correctos, cuando las licitaciones salen. ¿Su receta?. Conformar consorcios, aliarse con empresas extranjeras como la argentina Riva Inmobiliaria Industrial, y participar en obras que luego, si hay suerte, se investigan… cuando ya todo está firmado.
Y si eso no basta, también tenemos a César Vásquez, ministro de Salud y militante de APP, presente en la ceremonia inaugural, como buen soldado del aparato político. Aplausos, discursos y fotos para el álbum electoral. Salud pública y licitaciones privadas, en perfecta sincronía.
El Hospital de Virú, que debería ser un símbolo de justicia social, ha terminado como ejemplo de cómo se instrumentaliza el dolor y la necesidad de la gente para mover fichas políticas y económicas. Mientras los pobladores esperan atención médica digna, en los escritorios se juegan partidas millonarias con empresas recién creadas, directivos sin experiencia y vínculos familiares que huelen más a repartija que a transparencia.
La Fiscalía ha abierto una investigación preliminar. Pero en un país donde la memoria es corta y la impunidad es larga, no sorprende que muchos ya estén pensando en el siguiente hospital, en la siguiente piedra, en la siguiente elección.
Reflexión final: Candidaturas construidas sobre contratos
César Acuña no solo está construyendo hospitales. Está construyendo su camino a la presidencia con concreto ajeno y presupuesto público. Mientras tanto, los mismos de siempre —con nuevos rostros y nuevos RUC— se aseguran contratos, licitaciones, poder y blindaje.
¿Y el pueblo?. El pueblo aplaude, espera y luego olvida. Porque en el Perú, cada piedra es una promesa, cada obra un decorado, y cada contrato una oportunidad… para los mismos de siempre. No se trata de salud. Se trata de estrategia.
Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra
