En el corazón de Luque, Paraguay, hay un terreno que no figura como edificio, pero que opera como fortaleza. No tiene paredes según los documentos, pero dentro se negocian derechos de televisión por millones de dólares, se firman convenios con gigantes globales como Mastercard, se venden entradas con código QR y se orquestan torneos que paralizan un continente. Bienvenidos al mundo mágico de la CONMEBOL, donde el poder se disfraza de baldío y el negocio más lucrativo de Sudamérica goza del estatus fiscal de un solar abandonado.
Y mientras los contribuyentes comunes llenan formularios, presentan planos y pagan impuestos por tener un kiosko o ampliar una cochera, los señores del fútbol sudamericano viven en una tierra de impunidad inmobiliaria, donde el catastro es ciego, la Municipalidad es muda y la justicia… juega al offside.
Gracias a la investigación del periodista Alfredo Guachiré, nos enteramos de que el predio de más de 21 mil metros cuadrados que ocupa la sede de la CONMEBOL en Luque —ese imponente centro de operaciones con arquitectura de primer mundo— aparece ante el municipio como si fuese un terreno yermo. Sin construcción registrada. Sin tributo pagado. Sin patente comercial. Como si allí no hubiera nada más que pasto seco y grillos.
Lo más grotesco es que esa sede no es un centro comunitario ni una asociación sin fines de lucro que reparte balones a niños. No. Desde ese mismo “baldío”, se firman contratos millonarios, se venden productos oficiales, se organiza la Copa Libertadores, se negocian derechos audiovisuales con productoras internacionales y se canaliza el flujo económico de todo el fútbol sudamericano. En resumen: es el lugar donde el negocio del fútbol se profesionaliza al extremo, pero se fiscaliza con el rigor de una feria dominical.
Desde 2012, la Municipalidad de Luque ha exonerado a la CONMEBOL del pago de impuesto inmobiliario. Y, como cereza del pastel, no figura ninguna inspección técnica, auditoría catastral o revisión edilicia. Nada. Como si nadie se hubiese tomado siquiera la molestia de pasar por allí y decir: “Oigan, esto no parece baldío”.
Pero el silencio es escandaloso. Ni el intendente Carlos Echeverría ha emitido declaraciones. Y Alejandro Domínguez, presidente de la CONMEBOL, tampoco. Claro, sería incómodo explicar por qué una sede que gestiona decenas de millones de dólares no tributa ni lo que paga una bodega de barrio.
Mientras tanto, los ciudadanos de Luque deben declarar cualquier mejora en su vivienda. Si cambian la cerámica del baño, el municipio les pide planos. Si abren un café, deben presentar patente, pagar licencias y pasar inspecciones. Pero el fútbol continental, ese que en cada conferencia repite mantras como “transparencia”, “responsabilidad” y “buen gobierno”, opera desde un oasis fiscal. Porque en Luque, la pelota no paga impuestos.
La CONMEBOL ha logrado lo que ninguna empresa privada podría: mantenerse fuera del radar tributario mientras mueve cifras obscenas en nombre del deporte. Ha construido un modelo de excepción, donde los privilegios están institucionalizados, y donde la invisibilidad ante el fisco es parte del juego.
Y si alguien pregunta por qué no pagan, la respuesta es simple: no hace falta. Ya tienen impunidad por diseño. Tienen silencio político. Tienen amigos en Zúrich. Tienen un blindaje simbólico llamado fútbol, que convierte cualquier crítica en “ataque al deporte”. Es un modelo que no necesita justificar nada, porque mientras haya goles, nadie preguntará cuántos millones se pierden en el camino.
Reflexión final: ¿Baldío o paraíso fiscal?
El “baldío” de la CONMEBOL no es un error administrativo. Es una declaración de principios. Es el síntoma de un sistema en el que las reglas son opcionales si tienes suficiente poder, y donde las instituciones públicas actúan como cómplices silenciosos de quienes deberían fiscalizar.
La sede de la CONMEBOL en Luque es el emblema de una Sudamérica donde los más poderosos no están por encima del pueblo… están por fuera del sistema. Donde se habla de integridad financiera en conferencias internacionales, pero se ocultan edificios enteros en el catastro local. Donde se lucra con la pasión de millones, mientras se evade la responsabilidad de tributar lo justo.
Y si esto no genera indignación, entonces quizá el problema no es la CONMEBOL. Quizá el problema es que nos acostumbramos a vivir en un continente donde el verdadero deporte es el de esquivar la ley.
Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra
