En un país donde la extorsión se volvió rutina, los asesinatos son estadísticas semanales y los pasajeros pagan su pasaje y su cupo al mismo tiempo, uno esperaría que la Policía Nacional y el Gobierno estuvieran armando un plan de choque contra el crimen. Pero no. Aquí la prioridad es distinta: asegurar que los altos mandos de la PNP viajen con la comodidad de un Audi Q5, de casi 200 mil soles cada uno, aunque el chaleco antibalas que usa un suboficial sea comprado de su propio bolsillo. Y claro, si la presidenta Dina Boluarte no se entera, es porque seguramente está muy ocupada revisando itinerarios de viaje internacional.
El país entero se indigna al ver la foto: camionetas alemanas último modelo alineadas como si fueran parte de un salón del automóvil, listas para ser entregadas a generales y altos oficiales. Costo total: más de 19 millones de soles. Origen del dinero: fondos que antes estaban destinados a salud, pensiones y bienes esenciales. Es decir, lo que podría haberse convertido en ambulancias, medicamentos o chalecos antibalas, terminó transformado en asientos de cuero y GPS de lujo.
Mientras tanto, la Contraloría confirma que 500 cámaras corporales adquiridas a un costo de 4 millones de soles están abandonadas, muchas de ellas en mal estado por no haberse usado nunca. Y en paralelo, el suboficial José Gabriel Munive Gurmendi dio su vida en La Victoria enfrentando a delincuentes con un chaleco que él mismo pagó. La imagen es grotesca: la tropa arriesgando la vida sin equipo, mientras la cúpula policial estrena vehículo con aire acondicionado alemán.
No es casualidad. Es una manera de entender el poder: privilegio para unos pocos y abandono para el resto. Y lo más insultante es que, al retirarse, estos altos mandos podrán comprar sus Audi a precio de ganga. Un bono extra por “servicios prestados” en tiempos donde la criminalidad crece y el Estado se encoge.
Boluarte, ausente como siempre, parece gobernar desde la ventanilla de un avión. Sus ministros no son mejores: administran el desastre con el mismo lenguaje técnico y vacío que sirve para justificar lo injustificable. No hay plan contra la delincuencia, no hay estrategia contra la minería ilegal ni el narcotráfico, pero sí hay presupuesto para que el general llegue puntual y cómodo a su oficina.
No es un simple gasto excesivo, es una declaración política: la vida de un policía de base o de un ciudadano común vale menos que el confort de un alto oficial. En cualquier otro país, esta compra sería un escándalo capaz de provocar renuncias. Aquí, apenas es una noticia más que se diluirá entre titulares de asesinatos, extorsiones y secuestros. El crimen organizado avanza y el Estado responde con lujos para su élite.
Reflexión final
Lo más peligroso no es que compren Audis. Lo más peligroso es que lo hagan mientras el pueblo lo mira, lo comenta y lo normaliza. Ese es el triunfo final del desgobierno: convencer a la gente de que la corrupción y el despilfarro son parte inevitable de la vida nacional. Y así seguimos, con un país que paga autos de lujo para los que mandan y ataúdes para los que mueren en las calles. En el Perú de Boluarte, la seguridad es un negocio y la impunidad, un camino asfaltado en cuatro ruedas alemanas.
Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra
