¿Formar o buscar? El fútbol peruano en modo genealogista
Felipe Chávez debutó con el Bayern Múnich a sus 18 años y, como era de esperarse, en Perú la noticia cayó como un salvavidas para quienes se aferran a cualquier apellido con raíces peruanas. El joven, nacido y formado en Alemania, es hoy el único jugador con vínculo nacional que juega en una liga de primer nivel. Y aquí viene el problema: celebramos como propio lo que nunca supimos construir, mientras el sistema deportivo nacional sigue oxidándose en manos de autoridades más preocupadas por temas judiciales e investigaciones.
El caso de Chávez es inspirador… pero también es un espejo incómodo que desnuda nuestra precariedad. En Alemania, un chico de 18 años puede crecer rodeado de infraestructura de primer mundo, entrenadores con preparación profesional y un sistema coherente que proyecta a largo plazo. En el Perú, en cambio, tenemos más de 380 escenarios deportivos en el interior del país en estado caótico y de abandono, no solo para el fútbol, sino para múltiples disciplinas. Y mientras esos espacios se caen a pedazos, las autoridades —Dina Boluarte, Morgan Quero, Federico Tong— siguen sin entender el bosque: hablan de apoyo al deporte, pero no saben ni cómo funciona su propio ecosistema.
El Sistema Deportivo Nacional tampoco se queda atrás: en lugar de invertir de verdad en divisiones menores, opta por hurgar en genealogías extranjeras buscando descendientes lejanos. A este paso, la próxima contratación será un genealogista profesional, no un director técnico. El “modelo” actual es reactivo y superficial: no se generan programas masivos de detección y desarrollo de talento, se confunde política deportiva con marketing y se cree que basta con una campaña mediática para “revivir” a la selección.
Felipe es un crack, sí. Pero lo es por lo que aprendió en Alemania, no por lo que recibió del fútbol peruano. Y ahí radica la ironía: aplaudimos lo que no construimos, mientras los clubes nacionales compiten en ligas de cuarto o quinto nivel. Es la consecuencia directa de un sistema que prefiere el resultado inmediato y foráneo antes que el trabajo serio en casa.
Felipe Chávez debería inspirarnos, no para buscar más Felipes en el mundo, sino para producirlos aquí. Si las autoridades realmente entendieran el deporte como política de Estado, hoy estaríamos hablando de planes nacionales de infraestructura, formación de entrenadores, captación desde la niñez y campeonatos competitivos, no de árboles genealógicos.
Reflexión final
Si seguimos así, el día que celebremos un gol de un “nuevo peruano” nacido en Oslo o Melbourne, tendremos que reconocer que la verdadera victoria no está en encontrar raíces, sino en sembrarlas. Pero para eso se necesita visión, inversión y liderazgo… justo lo que las autoridades miran de reojo mientras se obsesionan con la foto.
Por Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra
