¡A 300 días del Mundial! La cuenta regresiva de la Copa del Mundo

Faltan 300 días para el Mundial 2026 y lo único que está claro es que la FIFA de Gianni Infantino juega otro deporte: uno donde la pelota es una calculadora y el marcador se mide en millones de dólares. El formato inflado a 48 selecciones no es por amor al fútbol, sino por amor a más ingresos y más votos. El torneo tendrá dos grupos invisibles: los que de verdad compiten y los que van de relleno para inflar calendario, vender boletos y devolver favores políticos.

México, Estados Unidos y Canadá serán los anfitriones, pero la “unidad” que venden es pura fachada. La FIFA aún debe negociar con Donald Trump y sus reglas de entrada para países que no le caen bien, además de cerrar cuentas sobre ingresos y controles. Porque aquí, antes que goles, lo que preocupa son las transferencias… bancarias.

El problema es que en Estados Unidos el fútbol ocupa el quinto lugar en interés deportivo, y el Mundial de Clubes ya demostró que no llenarán estadios como en las fotos promocionales. Aun así, los precios subirán, las zonas VIP estarán llenas y el marketing venderá “experiencias únicas” mientras el aficionado común queda arrinconado.

Y no nos engañemos: más partidos no significan más calidad. Significan más desgaste, más partidos intrascendentes y más minutos para que las marcas desfilen. Infantino no está construyendo un Mundial más competitivo, está fabricando un festival de rentabilidad.

En Sudamérica, la historia es desigual: Brasil, Argentina y Ecuador ya clasificados; Uruguay y Colombia casi dentro; y Perú y Bolivia con la calculadora en una mano y el milagro en la otra. Pero eso poco importa a Zúrich: lo que vale es que todos lleguen a la foto, aunque sea como extras.

El Mundial 2026 será el más grande en números y el más pobre en esencia. No está hecho para coronar al mejor, sino para maximizar ganancias. La FIFA ha convertido el torneo en una feria de intereses políticos y comerciales donde el fútbol real es un actor secundario.

Reflexión final
Quedan 300 días y muchos problemas sin resolver, pero a la FIFA no le importa. Infantino ya ganó: tendrá más ingresos, más votos y más control. El fútbol, en cambio, ya perdió antes del pitazo inicial. El Mundial que debería ser una celebración del deporte será, una vez más, un monumento al negocio… y la mayor demostración de que en la FIFA, el único resultado que importa es que la caja siga sonando.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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