Hace 20 años, científicos alertaron sobre el cauce del río Amazonas

Hace más de veinte años, científicos colombianos hicieron su trabajo con precisión y responsabilidad: advirtieron que el caudal del río Amazonas estaba desviándose hacia el lado peruano, poniendo en riesgo el acceso de Leticia a su propia razón de existir. La respuesta de los gobiernos colombianos de turno fue la misma de siempre: archivar el informe, mirar para otro lado y concentrarse en “asuntos prioritarios” que, por supuesto, nada tenían que ver con el agua que sostiene a miles de ciudadanos. Hoy, la predicción se cumple y Leticia paga el precio de un Estado que escucha la ciencia solo cuando puede usarla como adorno en un discurso.

La historia es sencilla: la ciencia habló, la política hizo oídos sordos. Durante años, diferentes administraciones colombianas —con su habitual desfile de ministros, viceministros y asesores— recibieron informes detallados sobre el cambio de curso del Amazonas. Datos concretos, mapas precisos, advertencias reiteradas… todo estaba sobre la mesa. Pero los despachos oficiales optaron por la más antigua estrategia gubernamental: dejar que el problema madure hasta que estalle.

Mientras el río se desplazaba centímetro a centímetro, Bogotá estaba ocupada en debates que poco o nada tenían que ver con la Amazonía. Planes de infraestructura sin enfoque ambiental, presupuestos que nunca llegaron a la región, y una retórica verde que se desvanecía en cuanto se apagaban las cámaras. Y así, Leticia fue quedando sola, con un río cada vez más lejano y un Estado cada vez más ausente.

Lo más grave no es solo la inacción, sino la hipocresía. Los mismos gobiernos que hoy hablan de “soberanía amazónica” y “defensa del patrimonio natural” son los que durante décadas se olvidaron de invertir en estudios, obras y medidas para evitar este desenlace. Las reuniones binacionales con Perú se convirtieron en actos diplomáticos vacíos, más preocupados por la foto oficial que por el problema real.

El desplazamiento del caudal amazónico hacia territorio peruano es el reflejo perfecto de lo que ocurre cuando un gobierno decide que el tiempo político vale más que el tiempo de la naturaleza. Leticia pierde acceso al agua, la región pierde oportunidades económicas y sociales, y Colombia pierde autoridad moral para exigir cuidado ambiental cuando no lo practica en casa.

Reflexión final
La pregunta que queda es incómoda: ¿seguirá Colombia esperando a que los problemas lleguen a Bogotá para tomarlos en serio? Porque si la respuesta es sí, entonces no solo Leticia, sino todo el país, seguirá pagando la costumbre de gobernar reaccionando tarde… y mal. El Amazonas habló hace veinte años, pero el gobierno prefirió el silencio. Hoy, el río ya no pregunta: simplemente se va.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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