El Tribunal Constitucional (TC) ha otorgado a Dina Boluarte un privilegio singular: la justicia deberá esperar hasta el 29 de julio de 2026 para examinar las denuncias en su contra. En la práctica, las investigaciones se han congelado por 341 días, como si la Constitución fuera un escudo de tiempo capaz de suspender responsabilidades. Con esta decisión, el país asiste a una paradoja: mientras la mandataria acumula más denuncias que cualquiera de sus antecesores y se multiplica su rosario de escándalos —rolex, joyas, cirugías, viajes—, la justicia permanece inmóvil, observando cómo el calendario sustituye a los tribunales. El mensaje es contundente: no habrá investigación hoy, pero la cita con la justicia es inevitable mañana.
El fallo del TC se ampara en el artículo 117 de la Constitución, que solo permite acusar a un presidente en funciones en tres supuestos: traición a la patria, disolución inconstitucional del Congreso o impedir el funcionamiento del sistema electoral. El resto de investigaciones —desde presunto enriquecimiento ilícito hasta responsabilidades por más de medio centenar de muertes en protestas— ha sido suspendido. No se trata de una absolución, sino de un aplazamiento. La justicia, en este caso, no desaparece: simplemente hace cola detrás del reloj político.
Los constitucionalistas Luis Roel y Víctor García Toma han sido claros: las carpetas fiscales y los expedientes judiciales seguirán ahí, listos para reactivarse el 29 de julio de 2026. La presidenta puede respirar tranquila por ahora, pero sabe que el futuro le exige cuentas. Y si bien la inmunidad la mantiene a salvo, no la exonera de la pesada mochila que carga: la de ser una de las mandatarias más impopulares del planeta y la única que gobierna sin plan de gobierno, sin estrategia frente a la criminalidad y sin voluntad de reforma.
En paralelo, el país enfrenta una crisis que no admite pausas. Las bandas organizadas se han convertido en la verdadera autoridad en calles, mercados y regiones: sicariato, secuestros, cobro de cupos y extorsiones son el pan de cada día. Mientras el TC blinda la investidura, el ciudadano común queda a merced de la inseguridad. No hay liderazgo político, no hay propuestas serias ni acciones concretas. El Estado parece renunciar a gobernar, limitándose a sobrevivir. Dina Boluarte se aferra a los días que le otorga la inmunidad, mientras los ciudadanos sobreviven a los días que les impone la violencia.
La ironía es que la Constitución, pensada para proteger la estabilidad presidencial, se ha convertido en herramienta de parálisis democrática. El argumento es impecable en lo formal: preservar la investidura. Pero la realidad es devastadora: se posterga la rendición de cuentas de quien, según las encuestas, lidera todos los rankings de impopularidad y acumula más denuncias de las que puede contabilizar un boletín judicial. Al mismo tiempo, el Congreso garantiza la prolongación de este statu quo: blinda a la mandataria a cambio de prolongar su propia permanencia hasta el 2026. Un pacto tácito de sobrevivencia que nada tiene que ver con gobernabilidad.
Dina Boluarte no será investigada hoy, pero lo será en 341 días. La justicia ha sido diferida, no eliminada. El fin de su mandato no será solo un acto de relevo político, sino el inicio de un proceso inevitable en el que tendrá que responder por sus decisiones, sus omisiones y sus excesos. No se trata de una victoria para la mandataria ni de un triunfo para la democracia: es apenas un respiro temporal, un aplazamiento judicial con fecha de vencimiento.
Reflexión final
Al Perú le esperan 341 días de un gobierno que sobrevive sin plan ni estrategia, mientras el país se hunde en la inseguridad y el desgobierno. El TC ha concedido una prórroga, pero no una absolución. Cada día que pasa acerca más a Dina Boluarte a su verdadero examen: el de la justicia y el de la historia. Y en esa doble cita, el calendario no será aliado, sino testigo incómodo de un tiempo desperdiciado en blindajes y silencios, mientras la nación clama por respuestas que nunca llegaron.
Edwin Gamboa, fundador de La Caja Negra
