El 20 de agosto de 2025, el Indecopi despertó de su siesta institucional y, con su ya acostumbrada lentitud, anunció que 1,146 vehículos Ford en el Perú presentan fallas que podrían provocar incendios, apagados en plena marcha o problemas de frenado. La noticia debería alarmar a los conductores, pero también debería indignar: no solo por los defectos de fábrica, sino por la tardía reacción de la entidad encargada de proteger al consumidor. En el país de los accidentes anunciados, el organismo aparece siempre después del susto, arrastrándose como una tortuga artrítica en la arena, lenta, pesada e inútil en la carrera contra el riesgo.
La alerta no es menor: se trata de modelos fabricados entre 2020 y 2025, incluyendo camionetas, SUV y vehículos icónicos de la marca estadounidense. El problema no es anecdótico, es estructural.
Riesgo de incendio por fugas de combustible: 201 unidades de los modelos Ford Bronco Sport (2020-2024), fabricados en México, y Escape (2020-2021), importados desde España, presentan defectos en el sistema de combustible que podrían fracturarse y provocar filtraciones. Una chispa en contacto con superficies calientes y el auto se convierte en antorcha.
Apagado en plena marcha: 320 vehículos de los modelos F-150 (2021-2022), Expedition (2022), Explorer (2022) y Mustang (2021-2022), fabricados en Estados Unidos, presentan fallas en la bomba de combustible que podrían cortar el suministro y apagar el motor sin previo aviso. Imagínese un vehículo detenido en medio de la Panamericana: el riesgo de tragedia es evidente.
Problemas con el servofreno: 582 unidades de los modelos F-150, Expedition, Ranger y Bronco (2025) podrían presentar disminución del frenado, aumentando la distancia de detención y, por ende, el riesgo de accidentes.
Fallos en el cinturón de seguridad: 43 vehículos F-150 (2025) fueron incluidos por un error en el sistema de advertencia del cinturón de seguridad: si el conductor no lo abrocha correctamente, la alerta sonora simplemente no se activa. Un detalle menor… hasta que ocurre un choque.
Lo irónico es que Indecopi reacciona siempre tarde. Estos modelos circulan desde hace años en el país y recién ahora, en pleno 2025, se advierte sobre los riesgos. La plataforma de Alertas de Consumo parece más un archivo de obituarios que un sistema preventivo. Informa cuando ya todos saben, cuando los vehículos están en circulación, cuando el riesgo ya convive en las calles.
Por supuesto, el organismo recomienda que los dueños se comuniquen con Ford Perú S.R.L., que ofrece revisiones gratuitas en el número 0800-71587 o en el correo acfordpe@ford.com Una solución que descansa, otra vez, en la buena voluntad de la empresa y no en un sistema estatal proactivo.
La denuncia de Indecopi es necesaria, pero la reacción tardía desnuda la fragilidad institucional del país en materia de protección al consumidor. Aquí no hay supervisión preventiva, hay notificación post-mortem. Y mientras tanto, miles de peruanos circulan en autos que podrían incendiarse, apagarse o no frenar a tiempo. El ciudadano paga por un producto defectuoso y encima debe agradecer la “gentileza” de una revisión gratuita.
Reflexión final
En el Perú del 2025, la seguridad del consumidor parece depender de la suerte y no de las instituciones. Indecopi actúa como cronista de desastres anunciados, siempre tarde, siempre débil. Y el ciudadano queda atrapado entre las fallas de gigantes automotrices y la lentitud de un Estado que protege con discursos, no con acciones. La ironía es inevitable: aquí, el cinturón de seguridad más confiable no es el del auto, sino la resignación de los peruanos, que deben confiar en que la próxima alerta no llegue cuando ya sea demasiado tarde.
Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra
