Boluarte a 338 días del final de su gobierno, hace enroque ministerial

A Dina Boluarte le quedan 338 días en Palacio, pero parece que el reloj no marca el tiempo, sino los acomodos. La presidenta juramentó a nuevos ministros en Justicia, Desarrollo e Inclusión Social y Mujer. En realidad, más que cambios fueron simples enroques, un maquillaje cosmético en un gabinete que ni convence ni gobierna. Boluarte no tiene plan de gobierno, no tiene estrategia y tampoco voluntad política. Sobrevive gracias al blindaje de su socio inseparable: el Congreso. El país sigue en piloto automático, esperando el 28 de julio de 2026 como quien espera que termine una mala obra de teatro.

El anuncio fue presentado como un “ajuste” en el gabinete. En la práctica, se trató de mover fichas ya conocidas:

Juan José Santiváñez, censurado hace apenas unos meses como ministro del Interior por no enfrentar la ola de inseguridad, reaparece ahora como flamante titular de Justicia. Un reciclaje que demuestra que en el Perú la censura no es castigo, sino trámite administrativo.

Fanny Montellanos, que deja el Ministerio de la Mujer para asumir el Midis, y Ana Peña Cardoza, que se queda con el MIMP, completan el circuito. Una especie de “carrusel ministerial” en el que todos giran y vuelven a subirse, aunque nada cambie para la ciudadanía.

El problema no está en los nombres, sino en el guion. El gobierno carece de dirección y los enroques son apenas maquillaje sobre un sistema en descomposición. A 338 días de dejar el cargo, el Ejecutivo actúa con nerviosismo, como quien cambia las cortinas de una casa en ruinas para ocultar las grietas de las paredes. La realidad es evidente: hospitales colapsados, criminalidad en ascenso, corrupción impune y un Estado sin liderazgo.

El Congreso, por su parte, sostiene a Boluarte no por convicción, sino por conveniencia. El blindaje parlamentario es el salvavidas que mantiene a flote a una presidenta sin popularidad. A cambio, el Legislativo asegura sus propios intereses y se protege de cualquier intento de fiscalización real. Es un pacto de sobrevivencia mutua: ella llega a julio de 2026, ellos también.

Los enroques ministeriales no son señales de renovación, sino confirmación de la precariedad. No hay rumbo, no hay estrategia, no hay gobierno. Solo hay un libreto gastado: resistir el calendario. Cada juramentación se anuncia como un inicio, pero en realidad es más de lo mismo: funcionarios reciclados, rostros nuevos en viejos cargos y promesas que se diluyen en la indiferencia.

Reflexión final
A menos de un año del final, Dina Boluarte no gobierna, apenas administra su permanencia. Los enroques son su estrategia, el Congreso su socio y la inercia su único plan. El país, mientras tanto, sigue tomado por el crimen, la desigualdad y la corrupción. El 28 de julio de 2026 no marcará el cierre de una gestión, sino la liberación de un calendario que ha condenado al Perú a sobrevivir bajo un gobierno sin dirección y un Congreso sin legitimidad. La pregunta no es qué hará Boluarte en sus últimos 338 días, sino cuánto daño más puede causar la ausencia de gobierno en un país que ya se siente huérfano de Estado.

Edwin Gamboa, fundador de la Caja Negra

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